Vade Retro Extranjerilandia

La bandera inglesita, una moda impostora.

La bandera inglesita, una moda impostora de los útimos tiempos.

Poco de nuevo o mucho de lo viejo, hasta la desaprensión de este mundo desmarcado, acontecía durante estos días de fiesta teatral en los alrededores del Parque de Fomento.

Menos la gastronomía, todo lo otro se parecía muchísimo al ambiente de cualquier pueblecito de campo, música estridente a tope con la tolerante “reguetonofobia” del padre nuestro de la Iglesia. Mientras, mi gente, mi humilde gente adicta a las olas de cierta moda, paseaba más disfrazada que nunca por la Acera del  Louvre.

Iban desde la vuelta clásica al Parque, cruzaban Martí arriba y abajo y volvían a rondar la céntrica Céspedes como seres alados en una especie de pasarela.

La Cuba de hoy en tiempos del timbiriche se ha trastocado entre la tentativa de extinguir los íconos nativos y topar con la saturación de los símbolos importados de a medio peso. Claro, después se venden por mucha más pasta para el bolsillo de nuestros mulos y mulas, que pulgueran desde lo más frío de los Mall norteños hasta las encrespadas estanterías abiertas en las naciones del sur.

Olvídate de la identidad isleña, es la lucha de la venduta, mami, me dijo un viejo conocido ante mi última protesta por su caro pulguero a lo cubano. El mío que dejó de ser hace 20 años ahora es algo así como un mago de nueva clase rica, con sombrero tejano y arete pérsico, un bolsillo rascacielos y una realeza, de cuya cifra astronómica que  a esta santa hora es mejor ni nombrar.

Volviendo al asunto Made in Extranjerilandia, allí como calcomanía fatal en la tarima del carnaval improvisado de los últimos días en Fomento, los famosos tatús de arabescos germánicos. Le acompañaban en el surtido ciertos animalitos, unos más modernos que otros, a su lado le seguía la última vacuna quintuple, los escudos de unos clubes de fútbol que ya osan con barrer el imaginario deportivo cubano.

Lo mejor casi se anuncia, aparece en masa y causa espanto, pero lo peor es que enseguida se suman los esperpentos. Cada vez son más como un boom que promete inscribirse hasta en los libros de historia mundial. Que de dónde salieron, por qué y cuánto es el costo de primera mano del surtido del timbiriche para el populacho, ya nadie se pregunta.

Allí en una turba de fiesta asomaban la más reciente pandemia del mercadeo divisorio en el mundo del CUC y CUP, las  pantuflas, los pulóveres, las gorras,  las pelucas. Incluso, los artículos iban desde la esencia perfumada de Lady Di hasta una imagen clonada en el aire de la bandera del Reino Desunido anglosajón. De pronto quizás en un momento pudiera cubrirse la criolla Bota de Oro fomentense con un calcetín navideño de Mr Bean y yo como siempre pasmada.

No vi venir por la acera del Louvre a mi Napoleón predilecto. El George, un amigo de siempre, me pregunta: Ven acá, mijita. ¿Dónde están las facturas locales de la llamada y encumbrada EMPROVA (Empresa de Producciones Varias), aquel sello Hecho en Cuba, el mapita de Cuba con un circulito de calidad? ¿En el suministro mayorista anunciado en los almacenes del Mercado El Llavín? ¿Whose society to these miss and mister belong? ¿Será que los cuentapropistas no están a favor de la sustitución de importaciones y la defensa del patrimonio cultural autóctono?

¿Y qué pasó con mi Che, las otras boinas, las guayaberas tan espirituanas, el sombrero de yarey de mi abuelo finquero, los tres colores más lindos de mi mundo conocido hecho bandera y el cuadro de la Piedra Gorda, el cerro más bello del mundo?

Veo otra vez ante mí cierto graffiti del viejo Turiño en días de otro Festival Olga Alonso: “Soy un extraño ante mis propios ojos, un nuevo soñador, un peregrino que ayer pisaba flores y hoy… abrojos”. ¿Seré en el umbral del medio siglo otra especie de reencarnación de Ñego? Lo que es no es lo que ves y lo que será no es lo que está.

Escapo del bullicio del centroliloquio de los kioskos que nada tienen de teatro y sí bastante de escandalosos y entro al patio de la Casa de Cultura. Que deja el arrastre de vieja de época, chica y ponte las pilas. Oye, que mi día 10 no da para más, lo primero es lo primero y se llama JC.

En la puerta los carteles anunciaban “El proyecto espirituano Atrapasueños presenta Suelas Nuevas”. Lo que faltaba, salir de una bota para refugiarme en una suela. ¿Será infantil? ¿Será otra Bota de Oro con el mismo acertijo de la crucecita inglesa?

Las Suelas Nuevas de Atrapasueños.

Las Suelas Nuevas de Atrapasueños.

Este parecía un trabajo con títeres y enseguida llega el susurro de Jose a mi lado: esta obra no tiene edad, ni fronteras. Quédate ahí, muchacha. Es una obra chiquita, dura diez minutos, pero suena contundente. Caramba, se me escapó otra vez el prejuicio de la edad ante un adulto joven confeso como Jose Meneses, fundador del Festival de Teatro Olga Alonso en Fomento.

Hacía tanto tiempo que no veía un teatro de títeres, era un buen pretexto para quedarme, en la espera misma caí en la ensoñación de la mímica y la gestualidad. Tantos saltos otra vez niña terminaron por golpearme una vez y otra vez contra la silla, hasta que el Ángel director de Atrapasueños me entregó un recorte onda cartucho con créditos y sinopsis de Suelas Nuevas. Chiquita y contundente, ecuación por resolver, cuando descubrí en el papelito el mayor reto de la noche, Mejor Levántate, de Fayad Jamís.

“Si no puedes dormir, levántate y navega.

Si aún no sabes morir, sigue aprendiendo a amar.

La madrugada no cierra tu mundo: afuera hay estrellas, hospitales, enormes máquinas que no duermen. Afuera están tu sopa, el almacén que nutre tus sentidos, el viento de tu ciudad.

Levántate y enciende las turbinas de tu alma, no te canses de caminar por todas partes, anota las últimas inmundicias que le quedaron a tu tierra, pues todo se transforma y ya no tendrás ojos para el horror abolido.

Levántate y multiplica las ventanas, escupe en el rostro de los incrédulos: para ellos todo verdor no es más que herrumbre.

Dispara tu lengua de vencedor, no solo esperes la mesa tranquila, mientras en otros sitios del mundo chillan los asesinos.

Si no puedes soñar, golpea los baúles polvorientos.

Si aún no sabes vivir, no enseñes a vivir en vano.

Tritura la realidad, rómpete los zapatos auscultando las calles, no des limosnas.

Levántate y ayuda al mundo a despertar.”

Aleluya!!!! Solo faltaba ver si la obra era como aquel aliento del fayadismo espirituano, dos palabras, chiquita y contundente al estilo favorito del Jose, el hombre del Garabato yayabero. Quien no tiene reloj pregunta diez veces y quien ama la prisa, no aguanta amarrarse a una dura silla recién estrenada. Verdad que este Festival ya es un suceso, trajo hasta sillas nuevas en le programa.

Una hora después de tirar fotos aquí y allá, bajaron las luces y comenzaron a aparecer con sus danzas las Suelas de Atrapasueños. Eran suelas de todo tipo, danzarinas entre manos hábiles, acompañadas con música y escenografía de cada época. Danzón, chachachá, guaguancó, mambo, rock, hasta ahí todo bien, muchos ritmos cubanos, pero nada de moda. Oye, Jose, esto pinta a retrueque.

Sin acordes de preludio de pronto se abrió el escenario y apareció un joven en una silla de ruedas. Joven de edad y su mirada de uno de esos viejos entregados a la desidia, hastiado del canto de un gallo resoplón, la luna con estrellas, las burbujas de las olas y las lluvias de primavera.

¿Dije hastiado? No era hastío, su rostro era un surco de maíz por arar, asqueado de la sequía sin sentido, sin poder apreciar que abril inicia y más que el cierre de las llamas, anuncian prórroga para el azul, el rojo y el blanco. Los mismos trazos borrosos entre las libretas de la secundaria y el pre, ya totalmente cremados tras el accidente que le dejó ruedas por piernas.

Algo así había visto unos minutos afuera, jóvenes con menos grietas, pero sin bailar. Algunos estaban más ocupados en ver si el socio tenía mejor gorra, bufanda y hasta el cruce de los dedos al estilo Corte Inglés, con la banderita invasora del mercado moderno de marcas baratas. Uno de ellos no sabía ni de dónde era el London, la torre, el puente y el reloj, solo supo decirme el precio: Es barato, solo diez chavitos, mi tía.

Volví al chico de Atrapasueños, el de la tez sacudida en una maldita silla y fue entonces cuando encontré la carta de triunfo de Jose, chiquita y contundente. El corpulento joven que ni cinco cantos, ni una docena de bailes típicos despertaba de su campo amargo, sonrío como la semilla que aguarda los amaneceres de abril para aprender a volar. Dos amigas le habían depositado una chiringa tricolor sobre las piernas condenadas a silla perpetua.

La Chiringa de Cuba, salvó los sueños de un hombre surcado por el viejo arado de la vida

La Chiringa de Cuba, salvó los sueños de un hombre surcado por el viejo arado de la vida

¡Caramba, y qué chiringa! Era la de mi Cuba de siempre, la que todavía sigue perdida para el timbiriche de La Bota de Oro, la que no sabe apreciar el conocido de arte pérsico como su mejor prenda por su sutil mirada dolarizada. El pobre, solo conoce de dolores y pessini. Era la misma Cuba que inspiró al bisabuelo a sembrar la Ceiba del parque aquel 28 de enero del 34, la que abrazó fuerte el abuelo que dejó volar a toda su familia 90 millas más pa’allá en plena Crisis de Octubre.

Es la misma que llevan dentro, mis otros seres queridos que suben la escalerilla y casi nunca se toman la Coca Cola del olvido, sino la del gorrión. Es la que sueñan los misioneros corazón adentro, que causa la nostalgia oculta de cubanitos de aquí y allá, incluidos de los de la calle ocho y los Marielitos, aunque simulen y disimulen, bajo su veleidad de resentimientos y convulsa ráfaga de blasfemias y bloqueos.

Vivo porque sobrevivo en Fomento, no dice Arjona y nunca sabrá ese, quien cree saberlo todo, de La Habana y de Cuba, que como muchos, vivo sobre todo, por lo que aprendí de cuna, con el aliento siempre apegado al fresco de las montañas, el aroma del café y el sabor del melao.

Y eso, a pesar que la sequía no deja ponerse al cerro su mejor traje verde, el café cada día más moreno y amargo por el concubinato consensual con chícharo y unas cáscaras de quién sabe qué. ¿Y qué fue del melao? El muy dulce se centró en ser solo guarapo, que meriendan mis visitas en la casa de las Gómez, la esquina de Guáimaro o la calle La Botella.

¡Caramba, Atrapasueños! ¡Tenía que ser una chiringa! Se parece a la de mi amigo Carlos, enseguida pensé en el ISA manager con su oteo retador del panorama y los cambios, el sensible humor criollo y los pies firmes en el proyecto más rebelde y soberano de una isla.

Mejor levántate, clamó un día Fayad y se puso a desafiar los palos que le dio la vida. Ahora sé que Cuba se levantará, unas veces mejor y otras más o menos fiel, pero se levantará, tras despejar la zona por ahora minada por los simpases de reguetón y la banderita de Reino Unido.

Vade Retro Extranjerilandia, un día veré en el timbiriche de La Bota de Oro, las suelas nuevas Hecho en Cuba, mi paisaje favorito de la Piedra Gorda, el Che de todos más que de la exclusiva Artex y los matices de esos productos que siempre tendrán tremendo sazón en blanco, azul y rojo.

Jose, chiquito y contundente teatrista, alma de Garabato, no olvides el consejo de Fayad: “Si no puedes soñar, golpea los baúles polvorientos.” Y nunca no dejes de soñar…a lo cubano.

 

 

 

 

 

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Acerca de Fomento en Vivo
Fomento en Vivo comparte vivencias desde el municipio de Fomento en el centro de Cuba y el quehacer de su gente.

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