La tristeza del limonero

Foto-2744El limonero siempre supo de su corta vida.
Los libros lo apuntan. Los agrónomos lo confirman
en una terapia no curativa:
“Tiene la tristeza de los cítricos.
Le quedan pocos años. Ojalá sobreviva.”
Génesis
Nació de un vivero mágico,
lejano y esquivo,
al otro lado de Loma Alta
y un poquito más arriba.
Es un jardín
donde zunzunes tienen guarida,
las palmeras lo de uno,
un oasis con represa, araucarias,
aves del paraíso.
Su familia tiene refugio allí
desde el destierro nacional
por tantos males.
Le llamaron desde la primera yema,
hijo pródigo, árbol de la vida.
Llegó al patio de casa
entre los primeros.
No competía
ni con el mamey que no pare,
ni con el impertinente palo bobo.
¡Qué fuerte parecía!
Sobrepasó el aliento
que no ataran a su tronco
orquídeas, ni curujeyes
ni platycerium. Era para otros.
Ya entonces crecía
cual frutal consentido
aun con todas las espinas.
Karma
El limonero contó sus hojas.
Arrugadas, pura vejez.
Montón de guaguas
pulgones de las ramas
prendidos, qué bichos.
Su final parecía.
Con tanta mosca blanca,
semejaba pura nata.
Creyó despedirse para siempre
de la arboleda nacida.
Sintió de pronto una llovizna.
¡Qué peste! La dueña le decía:
Es la cura, el pase a la otra vida.
Mujer más creída.
No sabe qué es morir de tristeza.
Cuando ella exprime, ni zumo
ni médico chino, ni cura de santería.
Todo el verdor
se iba entre arrugas y limas movidas.
Adiós, filosofía oriental,
olor de azahares, abejas, mil sabores.
Perdió hasta las últimas hojas amarillas,
peladas las ramas asomaban.
El mamey aguarda por más espacio,
palo bobo con ramas en un tocón que podría.
De pronto,
el pesticida retornó fronda,
luz y flores a un cuerpo inerte.
Eso le sucedió al que dictaminaron,
extinguido entre la otra familia.
Nirvana
“Ahora soy casi celestial. Todos me alaban.
Hasta me dan más años de vida.
Recién encontré un admirador
que hasta los frutos
me roba con tremenda alegría.
Podría ser el mejor cliente. Para ese ser
floreceré, danzaré más verde,
sin importar estación, ni aguas vitaminadas
ni pestilentes lloviznas.
¿Dicen que la felicidad no existe?
Hace quince días se fue. ¿Despedida?
Apenas una foto. No me abrazó
por no pincharse.
A lo mejor para no sentir
mi savia tan viva.
Solo hubo desde entonces
las limas persas más arrepentidas.
¿Cómo será el juicio final
mis últimos días?”
¿Existirá la otra vida?
El limonero no duerme más.
Asoma la tristeza de los cítricos
en cada una de sus espinas.
Padece de un insomnio
no lo despejan químicos, ni rezos
ni lazos rojos, ni agua de jabón,
ni la resurrección misma
esa en la que cree Mamá Lima.
A medianoche con tanto desvelo
deja caer uno, otro fruto.
Solo quedan dos. Tienen hora fija.
Foto-2743Van marcados con una sombra gris,
son lágrimas por el primer amor
tal vez a primera vista.
Quizás no fuera el más fiel,
pero sí a quien mi limonero
más quería.

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Acerca de Fomento en Vivo
Fomento en Vivo comparte vivencias desde el municipio de Fomento en el centro de Cuba y el quehacer de su gente.

One Response to La tristeza del limonero

  1. Lulu says:

    un ejemplo de la sencibilidad de aquellos que escriben con el alma.

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