Lejanía

tacon-negro

Una vez aprendí a caminar
en tacones,
esos que pueden llevarte
al mismísimo olvido.Cual delgado
rascacielos,
me hicieron delirar,
más alta, tan etérea
los finos zapatos negros
de mis quince.
Mi madre, poco antes de partir,
en la muerte de papi
apenas susurró:
Oh, pequeña, nunca llores,
no te humilles,
no esquives
la verdad más seca,
y otra cosa,
jamás prediques
por encima de otros,
que tal vez
un día esos son
tanto o más
que los propios, bien llamados
familiares tuyos.
Tres años después
llegaron, onerosos,
entre muñecas y sueños,
los anunciados quince.
Ropa, fiesta, fotos, hotel, maquillaje,
Inclusive los bellos y soñados
tacones negros
finos de manos
de mi otra madre
ahora a distantes 90 millas.
Todo el mundo
entonces amaba
a la endeble huérfana
de andar elegante,
sonrisa a lo Joan Crawford
mirada seria, hablar bajito.
Ni entonces sospeché
cuando real sería
la sentencia de la
entrañable
Sebastiana
para tan pocos años de vida.
Solo un lustro disipó
entre nubes adolescentes,
el tonto rascacielos
de mi incauta
orfandad,
mema, dormida.
Aprendí de verdad que
los míos
no siempre brotan
del tronco nativo
de Luis y de Miriam,
ni de Fomento,
ni de Cuba,
ni en este u otro siglo.
Que los tacones negros
a veces derivan
al sismo
que huele a muerte,
a angustia, a despedida.
Cual tropiezo a ciegas
con la Piedra Gorda de mis días,
en mis veinte supe
todo lo más lúgubre
de mi invisible,
pero eterna y triste
lejanía.
La casa de Mary niña
ya no fue más
la misma.
Mirar las fotos del año junto a ellos,
Fue mi luz, su perdón,
nacer de nuevo, morir en paz,
pedir más días.
La felicidad de los tres
fue una voz
que me alentaba
no olvidar nunca
dar una infancia clara,
como mujer de mi tiempo,
cuando de mí
brotara
alguna, otra,
el sentido de mi vida.

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Acerca de Fomento en Vivo
Fomento en Vivo comparte vivencias desde el municipio de Fomento en el centro de Cuba y el quehacer de su gente.

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