Luzángela de Niubó se presenta el sábado en Sancti Spíritus

 Ángel Martínez Niubó recibió, en el 2009, el primer premio en el Concurso Internacional de Minicuentos.


Ángel Martínez Niubó recibió, en el 2009, el primer premio en el Concurso Internacional de Minicuentos.

El libro Luzángela. del escritor fomentense Ángel Matínez Niubó se presentará el sábado a las nueve de la mañana en el Museo de Arte Colonial de la ciudad de Sancti Spíritus.
En género narrativa, la penúltima creación literaria de Niubó, fue Premio de la Ciudad de Sancti Spíritus 2012 y es publicada en la colección Arcada de la Editorial Luminarias. En su contraportada, Luzángela tiene la sugerente reseña:

“Este es el libro de una niña que llora y sus lágrimas no se secan; es también, el libro de su médico, un hombre con demasiadas preguntas y muy pocas respuestas.

Es un mundo extraño, pero sospechosamente cercano, ambos personajes se encuentran. ¿Quién es el enfermo? ¿Quién sanará a quién? ¿Poseen esas lágrimas una causa fisiológica o espiritual?

Gracias a la pericia narrativa de su autor, y al poder de Luzángela, es muy probable que, al final de la lectura, todos terminemos contagiados.”

En su primera página, Luzángela invita a una inmersión en el mundo interior de la niña desde sus  exergos:

Me parece que vivo,

que estoy entre los ruidos,

que miro las paredes,

que estas manos son uñas,

pero quizás me engañe

y paredes y manos

solo sean recuerdos

de una vida pasada.

He dicho «me parece»

yo no aseguro nada.

 Oliverio Girondo

 Es una calle larga y silenciosa.

Ando en tinieblas y tropiezo y caigo

y me levanto y piso con pies ciegos

las piedras mudas y las hojas secas

y alguien detrás de mí también las pisa:

si me detengo, se detiene;

si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.

Todo está oscuro y sin salida,

y doy vueltas en esquinas

que dan siempre a la calle

donde nadie me espera ni me sigue,

donde yo sigo a un hombre que tropieza

y se levanta y dice al verme: nadie.

Octavio Paz

Quien sabe, dijo la Maga. A mí me parece que los peces ya no quieren salir de la pecera casi nunca tocan el vidrio con la nariz.

Julio Cortázar

Ángel Martínez Niubó es escritor y miembro de la UNEAC. Ha publicado, entre otros, los libros ” Delirium”, “El Libro de los buenos locos”, “Tras el olor de las muchachas tristes”, “Un libro de tanta soledad” y “Azules de mar en sombras”. Entre sus premios destacan el premio internacional de minicuentos DINOSAURIO (2009). Su obra aparece recogida en varias antologias.

Esencialmente poeta, Niubó, según la periodista Gisselle Morales, se las ingenia para hilvanar una historia lírica en la cual, aun sin prescindir del dinamismo del cuento, transgrede los límites siempre ambiguos de los géneros. A tales idas y venidas entre el verso y la narración ya nos tenía acostumbrados el autor de Tras el olor de las muchachas tristes y A dos cuadras está el mar; sin embargo, es con Luzángela que legitima, redondea acaso, las constantes temáticas y discursivas que lo obsesionan.

Confinada en un hospital, la niña de seis años cuyas lágrimas se calientan, se escurren pero no se secan, deviene paciente imprescindible de un oftalmólogo a quien le faltan todas las respuestas: médicas, sociales, ontológicas, existenciales.

El enigma de Luzángela -“no es lo mismo llamarse Luz que Luzángela”- viene a simbolizar, entonces, el enfrentamiento del médico consigo mismo, con los fantasmas que lo acosan desde que se descubrió incapaz de subordinarse a nada: ni a la esclavitud servil del hogar -“el matrimonio es un atentado a la privacidad del otro”-; ni al poder superior que lo desdeña; ni a las manipulaciones maquiavélicas de la prensa -“hay que alfabetizar este país para que aprenda a leer fuera de los periódicos”-.

No obstante, el protagonista no pasa del reconocimiento tácito de sus circunstancias: inhabilitado para actuar, se refugia en el dilema médico y termina por adoptar una actitud tan nihilista que, a ratos, recuerda ciertos pasajes de Camus: la metáfora del ser que soporta estoicamente su propia fatalidad.

Otras lecturas, de seguro menos pesimistas, pudieran ver en Luzángela un cántico a la esperanza, al acto salvador de hurgar en la tristeza, pero no fue con el espíritu exaltado sino profundamente abatida como llegué al punto final de una historia que no me deslumbró tanto por sus astucias narrativas como por su innegable poder de conmoción.

En el plano formal, resulta sui géneris la segunda persona del singular asumida para contar la historia, un recurso generalmente desdeñado por los autores y al que Niubó recurre no solo por el tono dialógico que propicia, sino también por las posibilidades de interpelar y hasta zaherir al personaje.

Sin más armas de profeta que la propia intuición, me atrevo a asegurar que el Premio de la Ciudad recién conquistado por Luzángela será apenas el inicio de un trayecto mucho más enriquecedor: el de las disímiles interpretaciones que el texto puede suscitar en los lectores, de seguro los mismos que, al decir del narrador, “un día entenderán que este país necesita más poetas que médicos”.

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