El sueño de Lulú

Gabriela y sus sueños.

Gabriela y sus sueños.

Clara llegó un día sin avisar. ¡Era tan amiga de las sorpresas! A esa hora todos debían estar dormidos en la casona. La Sofía de pintas más negras que blancas ya no parecía una perra dálmata, sino una negrita con tintes lanudos en blanco.

Con sus alas transparentes, Clara salvó rápida la diferencia de metros desde el triste limonero empeñado en despedirse. La madrugada era su mayor cómplice, la capa de penumbra que cubría el jardín.

Clara-libelula-fomento-cubaLa libélula traía polvo pedido por vía postal a la agencia de mariposas exóticas por alguien que decía llamarse Lulú. No sabía quien era, solo decía: “A cambio, entregaré las más raras mieles de mariposas y orquídeas que hayas conocido.”

El largo cuerpo de Clara se estiró todo cuanto pudo al ver vencida su meta. Había viajado desde un remoto país donde crecen más insectos que plantas y flores. Apenas era una libélula bebé y no conocía nada del mundo llamado vegetal. Sus padres le dejaron salir de viaje por dos razones, según ellos, trascendentes.

Debía entregar el polvo especial a la desconocida Lulú y volver a casa con una bolsita cargada de mieles de colores. Las mejores, de acuerdo a su formación escolar, pertenecían al ancho universo de orquídeas y mariposas de las montañas. La remitente de la carta había escrito una dirección en el sobre: “Vivo arriba, entre flores, mi perra Sofía y muchas matas con frutas.”

Más abajo, añadía: “Hay un helecho de lámpara medio abandonado en lo alto de un aguacatero”. Y allí estaba la planta con tantas hojas mustias, que la luz de sus cuernos de arce caían como la lluvia en un ocre de otoño.

Lulú despertó tan temprano esa mañana que en casa todos se asombraron, no hizo falta poner en la radio al Gato Mimoso, ni los muñe de la Revista Buenos Días. Podría ser su primera madrugada, como decía su mamá, pero tenía una corazonada. El pedido estaba cerca. Necesitaba mucho ese polvo para cumplir un sueño. Tiró temprano a su perra Sofía de su letargo habitual y la llevó a pasear por la arboleda.

Que si péinate, niña, adónde vas con esa neblina, vas a pescar un catarro, el décimo de la temporada. Que así no vas a poder ir al Círculo a jugar con los amiguitos, que si el coco, que si la seño te inyectara diez penici… No sé cuánto más bla bla bla tuvo que oír de su madre y la abuela. Eso fue antes de perderse entre las nubes, parecían abrazadas al naranjo tan viejo como agrio, qué mareo daba su mamá con tantos regaños.

Clara tenía fija la idea de perseguir todas las pistas hasta llegar a ese polvo. La carta llevaba dos semanas de viaje y no tenía respuesta. ¿Será por que su letra todavía era de niña? Medio enredada en sus pijamas de lunas y estrellas, saltó el charco de rocío de la noche, la humedad de Sofía al lado de la batea y salió a vencer al coco.

Sintió de pronto un aleteo cerca y pensó que era alguna lagartija. Quizás buscaba su primer bocadito en el alba de este noviembre más frío que seco. Qué mes tan sombrío. Cerca vio una sombra y oyó un silbido. Seguro era el pájaro loco que en su último viaje al patio dejó un montón de plumas, tras enredarse con una inocente culebrita. Pobre animal. Cogió el palo de hervir de la abuela y le habló a la noche: Ven, si eres guapa. Ven, no tengo miedo, ¿sabes? Me llamo Lulú y en el Círculo, la tía me dijo que soy la niña más valiente que nadie haya visto jamás.

La sombra se calló y dejó caer un bultico dorado. Oh, no podía ser. Allí estaba lo que su mamá nombraba un halo de luz para vivir. Ahora sí podría creer en milagros, pensó Lulú. Tendría el polvito para salvar a sus juguetes de la nostalgia del invierno.

Otra vez miró a la oscuridad y vio aclararse el sendero hacia las begonias. Allí apareció un bichito que se presentó un poco agitada entre las orquídeas de su mamá. Yo soy Clara, la libélula de las llanuras perdidas. En mi tierra me dijeron que cogiera un néctar especial de tu jardín.

Oh, sí. Con tanta sonrisa por el polvo alado, la pequeña había olvidado el canje del polvo por miel de mariposas. Sin buscar con qué alumbrarse, encontró un sapo en el curujey. Rápida cambió el palo de hervir ropa por el de tostar el café y con un tono regañón, le cortó la cena al glotón sapo, justo frente a la tapia cubierta con lluvias de oro: Desaparece, hay visita y la vas a asustar, deja el comecome para mañana.

El sapo con su sobretodo arrugado fue a su escondite algo enojado, pero obediente. Clara no tenía idea qué bicho era ese, nunca lo vio en las fotos de la clase Del otro mundo y sus animales. Seguro que ese gordito feo era importado. ¡Quedaban tan pocas huellas naturales en este mundo! Hasta los animales y las flores ya eran plásticas y tenían perfumes extraños.

La orquídea mariposa de Fomento.

La orquídea mariposa de Fomento.

Miró de pronto a la inquieta Lulú y se quedó pasmada. Tenía una mariposa extrañísima en sus manitas. No era una mariposa, pero era una mariposa. En ese momento la niña le explicaba: yo le digo mi tigresa. ¿No ves sus rayitas y colores? Es linda. Le canto canciones y ella florece todo el año.

Clara tenía una duda. ¿La tigresa no le atacaría, si trataba de pedirle un poco de miel para las haditas de su reino? Como esa prudente lección que aprendió desde el capullo, el insecto voló cerca de la pamela de Lulú y le pidió que buscara néctar en otras mariposas. No importaba si eran amarillas o anaranjadas. Solo quería un viaje de regreso en paz y sin rasguños en sus pálidas y cansadas alitas. La familia le esperaba con tanta hambre y ansiedad.

Ah, miedosa, fue la única respuesta de la intrépida niña antes de subir al naranjo agrio, soltar el palo de tostar café y prenderse a las ramas llenas de viejas espinas como si fueran bejucos. Bajó a los pocos minutos con otro palito en la mano. Esta vez con una planta de orquídea, pero sus flores aún dormían.

No sirven esas flores, le cantó campante y sonante la voz de Clara. Ah, le ripostó la niña, estás igual que mi abuela: Que mientras las flores no abren, el sabor de las orquídeas es amargo como el café de fin de mes. Boba, yo tomo leche con chocolate y no me gusta el café. Y mi mamá me dijo que la vainilla nace de una orquídea y es riquísima. Se la echan al tocinillo del cielo que me hace Mima.

¡Qué Lulú más lulú!, dijo la pequeña libélula y dio media vuelta con su saquito de polvo que aún traía entre sus alas. Tendré que volver con mi bultico para el reino de las llanuras perdidas.

Ahí la sombra neblinosa y fría se espantó en un santiamén y aparecieron como magia las primeras luces de la mañana. Era todo tan raro, pero Clara perdió la noción de lo que pasó entonces. Muy pronto vio el bulto de polvillo mágico entre las manos de la pequeña y la naricita fría por el viaje bien pegada a los botones cerrados de la orquídea. Ya no podía pensar  en otra que en saborear y tragar. Solo medio mema se dio cuenta cuánto jarabe ya caía por su boca.

Todo sucedió como una nube jugando a los escondidos. Lulú se había llevado el polvo para la casona. Iba a vestirse rápido para ir para el Círculo con su mamá. Así podría hacerle un remedio a los juguetes del círculo siempre haraganes antes de que llegaran sus amiguitos. Le dolía que los muñecones en las grises mañanas de noviembre en Fomento no quisieran salir rápido del cajón y jugar todo el día con los niños.

Por eso con su letra medio arrugada y corta había escrito al reino de las llanuras perdidas. Su tigresa y Sofía le aseguraron que recibiría respuesta y así mismo fue. Ya tenía el polvo suficiente para despertar del ensueño a los lápices grandes de la tía Nancy.

Círculo Infantil Flores de Primavera de Fomento, Cuba.

Círculo Infantil Flores de Primavera de Fomento, Cuba.

De pronto sintió que la subían. Estaba flotando. ¿Adónde iría sino al Círculo? Gabi, Gabi, despierta, hoy es tu cumpleaños, mira la muñeca grande que trajo Nana. Vamos temprano al Círculo. Anunciaron una gran fiesta de disfraces en Flores de Primavera y te vestiré de mariposa. Tendrás alas transparentes como una libélula con chispas de polvo de estrellas. ¿Te gustará el traje?

-Claro, mami, pero solo te pido una cosa. Hoy no me llamaré Gabi. Solo dime Clara.

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Acerca de Fomento en Vivo
Fomento en Vivo comparte vivencias desde el municipio de Fomento en el centro de Cuba y el quehacer de su gente.

2 Responses to El sueño de Lulú

  1. Lulu says:

    Quizas de niña me gustaba soñar con hadas y mariposas con todo el polvo de estrellas para brillar en la noche, solo que hoy has hecho saltar dos lágrimas de mis ojos al leer este hermoso cuento, te lo agradezco, me gusto mucho y se que a Gaby le gustara más. y no te preocupes que habrá mucha Lulú, Gaby y Clara para rato……

    • Oh, Lulú, no fue mi intención hacerte llorar, quiero que Gabi sea la niña más valiente del mundo y que nunca deje de soñar, mis mariposas y orquídeas siempre florecerán para ustedes, un beso grande, las quiero.

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