Aquellos años de Matilda

El único deber del hombre es amar

Albert Camus

Matilda irrumpió con un formato pequeño en la avalancha de los cuentos infantiles baratos e ingeniosos de los años ilustres. La Editorial se nombra Gente Nueva. Y fue noticia, todavía lo es. La crónica de viaje de la vaquita devino un minilibro. Los textos idílicos siempre esperan como sus lectores la otra reimpresión.

Matilda era toda una novilla blanquinegra, ni ella lo sabía. Los animales que encontró en su viaje se encargaron de decírselo. Siempre hay gente para contar historias, infundir miedo, sembrar distancias e intrigar para que no avances en su curiosidad. Eso aconteció con la aventura de la novilla que fue a conocer a la familia Cebú.

La historia de la vaquita, una revelación en los años 70 en Cuba, halló refugio entre las primeras lecciones de la vida escolar de una niña de seis años. Matilda y su viaje a la sabana dejó una impronta en el pueblo montañoso de Fomento.

La ganadería no era entonces una quimera de la economía cubana, en espera de un crédito o divisas frescas, o la necesaria y tan debatida inversión extranjera.

Era el beneplácito de la década iluminada del CAME. Las crisis de alimentos no sucumbían como hoy ante la crisis de valores. Qué importaba en los 70 los pocos trapos en el escaparate, la crianza con harina de maíz y pichón de paloma, si nos bañábamos y vestíamos con ideas, si Patria era luz, siempre sagrada y no se canjeaba por una prenda, ni por una tablet, ni por el último BlackBerry. La patria chica siempre da luz…La grande somos todos.

Las historias de abuelo durante la lucha contra bandidos en los años de mi niñez no era solo el rostro de mis héroes barbudos en un libro rayado de Historia de Cuba. Era el hombre que me “tocaba” con su virtud de ávido lector sin escuela, ni títulos. Era el hombre de tantos oficios y sonrisas, el que cargaba niños con las grietas y el orgullo que implican la entrega incondicional a la revolución, sin un carné, ni una medalla, ni un salario para su estatura mayor.

El abuelo Samuel contaba las anécdotas y la entrada del Che a Fomento y lloraba por los amigos muertos. Él también leía y releía mis historias infantiles. En casa todos amaban las lecciones de Matilda.Y yo  amo a mi abuelo blanquinegro.

Existen horas decisivas en la educación de un niño. Creo que para todo existe un momento. Lo puedes planear, lo puedes soñar, pero siempre que los sueños y las oportunidades se crucen con tu valentía. Matilda supo llegar antes. El amor de la madre sorprende y es indescriptible, cuando ve al niño vestido de uniforme escolar por primera vez.

Así se coló el cuento de la vaquita como una de las lecturas favoritas en mi presentación del mundo de las letras, los colores, los valores…el respeto a los mayores, la defensa de los derechos humanos, el dolor ante todo acto de discriminación racial. Aprehender el amor por todas las razas y las especies…no es tan difícil, no es solo asunto de instrucciones estatales, sino deber de hogares y familias.

Matilda también se llamó mi maestra de prescolar. Es un nombre tatuado en mi gracia de nacer como burra bienquerida en Fomento. Es la suerte de toda mujer blanquinegra nacida en Cuba que sabe lo que quiere y cómo defenderlo.

Comparto ahora un pequeño fragmento de Matilda, de Edwigis Barroso del Valle para que te embulles a buscar la dicha que hay en ti. Sueña conmigo  a que reimpriman a Matilda en el formato bolsilibros, bello y económico. Matilda venció muchos de mis miedos de pequeña. Fue la historia infantil que ilustró los prejuicios de la época…

LA SABANA DEL MIEDO

Un telecuento de cuando Matilda fue a conocer a su familia Cebú.

Un día, ya hace tiempo, cuando todavía no tenía terneritos, Matilda se levantó muy temprano y salió a visitar a la familia de la abuela Cebú. No todo el mundo se atrevía a realizar tal viaje, pero Matilda tenía un interés especial en conocer a su bisabuela, la vieja vaca Fragosa, y al tío Chasis, y por más que le advirtieron de todos los peligros que correría, se puso en camino…

La vieja Fragosa no era de muchas palabras…

-Atrás todos-bufó la vieja Cebú. Los ojos le echaban chispas. Y dando un paso hacia Matilda, le preguntó:

-¿Quién eres?

-Soy su bisnieta-dijo Matilda y le sonrió.

-¿Mi qué?-tronó la voz de la vieja.

-Soy su bisnieta –repitió Matilda y ahora su sonrisa tenía un poco de lástima por la anciana que tenía delante.

-Yo no tengo bisnietos “blanquinegros” –vociferó la anciana.

-Sí –dijo Matilda con voz dulce-, yo; me llamó Matilda y soy nieta de su hija Chamira.

Aquello cogió de sorpresa a todo el mundo allí…Pero la vieja Fragosa habló para decir:

-¿Y qué es lo que quieres?

-Mucho –contestó rápido Matilda-.Quiero hablar con ustedes.

-Tú lo has dicho, “blanquinegra” –respondió más rápido la anciana-. Quieres mucho, DEMASIADO, y eso te puede costar muy caro.

-Cierto, soy una “blanquinegra” como usted dice, pero mi sangre tiene mucho de Cebú… ¿cree, si no, que me hubiera atrevido a venir hasta aquí?…

-¿Y qué quieres? Tu abuela es la única que ha renegado de su raza –la voz de la anciana Fragosa se volvió dura.

-Ella no ha renegado –observó Matilda-; sólo la ha cruzado un poco.

-¿Y te parece poco? –gritó otra vez la anciana.

-Me parece muy bueno, abuela –dijo bajito, mirando a la anciana.

-¿Bueno para qué? –preguntó la anciana entonces.

-Para ayudar a los demás, abuela…Es fácil. La Cebú es una raza fuerte…

-Como fuertes, verdad que somos fuertes –interrumpió la anciana con orgullo.

-Pues –dijo Matilda midiendo cada palabra- unir esa sangre Cebú con otra raza es ayudarla.

-Sí, es verdad, voy a empezar a vivir… porque vivir es acercarse a los demás, es sentir y comprender lo que nos rodea… es… es…

La vaca movía la cabeza como buscando las palabras que no sabía pronunciar. Y entonces echó a andar hacia la granja. Detrás, la seguía Matilda, sonriendo.

 

 

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Acerca de Fomento en Vivo
Fomento en Vivo comparte vivencias desde el municipio de Fomento en el centro de Cuba y el quehacer de su gente.

10 Responses to Aquellos años de Matilda

  1. Maya says:

    Mary yo también tuve mi torito Caralinda, de la vaquería de mi papá Joseíto, una novilla colorada fajadora que corría a los intrusos en la corraleta y no había una cerca que no brincara,gozamos mis hermanos,primos y yo de ese espectáculo asustadizo que nos hacía temblar las piernas y agitar locos latidos del corazón. El café con leche de vaca cruda, acabadita de sacar de la ubre de Blanquita, que era la más blandita de ordeñar .Aquellos eran otros tiempos. En Agabama habían tres vaquerías y la de la finca Las Lomitas era la que le daba la leche a los becados en el internado de montañas Mártires del Escambray. Qué añoranza! Ya la ganadería no es igual, ni la escuela es becada, ni mis vaquitas existen. Solo viven en mis recuerdos de infancia,cuando solo usábamos unos chores cortos,andábamos descalzos con una felicidad enorme por estar libres buscando ciruelas,guayabas cotorreras y caimitillos.Cuando aquello no había marabú.Existían los silos de pangola.
    Mary, hay que rescatar tantas cosas para hacer una ganadería sostenible, hasta los molinos de viento y brisas que animen a la gente a mirar con amor la tierra donde se nace!!!

  2. Negracubana says:

    Primera vez que paso por aca. Abrazos y gracias por este texto que publicare en el grupo en FB Equidad racial en los blog cubanos. Abrazos

    • abrazos a ti y gracias, te debo muchos textos que iré desempolvando. Han estado ahí en una memoria oculta de mis años de niña, estudiante y vivencias como mujer blanca con sangre blanquinegra. Hay tanto que hacer por la igualdad de género, de sexo, de raza, de humanidad!!! Cariños desde Fomento.

  3. Jorge says:

    Matilda era uno de mis libros predilectos. Probablemente, el primero que me leyera de punta a cabo. LLevo años buscándo el cuento pues mi libro se me extravió. Gracias. ¿Hay algún sitio donde hallarlo completo?

  4. Ana Lacayo says:

    Me encantaba leerlo de niña. Dónde lo podemos encontrar?

  5. Jorge says:

    Sigo buscando, Ana, si lo hallamos ¿nos avisamos?

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