Solo queda la tierra

Cuba, la isla amada de todos.

y nuestro terruño inspira amores de isla…

Los macizos montañosos como el Guamuhaya no solo hermanan hombres como, desde el pie de la loma, alienta cierta frase martiana.

Las montañas, si te decides a subirlas, te empinan en el descubrimiento de la vida. Cuando subes una cuesta, te das cuenta que otra más alta te espera. Así sucede con el conocimiento, con el atisbo de verdad que conduce tu proyecto de vida. El proyecto, es la mirada, la escogida entre tantas, para entrar por uno u otro sendero al mundo que te rodea.
Claro, no puedes elegir, si no repasas bien las páginas que la historia registra con agudezas casi imperceptibles. Las lecciones notorias se repiten como fetiches en los libros. Y habrá que tener dudas de lo que todo el mundo repite, habrá que aprehende a mirar con nuestros propios ojos el surco de la historia. Las ojeadas del corazón son como las frases de los abuelos. Hay que buscarlas en las profundidades de los papeles amarillos, de los garabatos en borradores, en las cartas, los poemas, los diarios de campo, las crónicas de viaje.

No desdeñes nunca los monólogos, los papeles estrujados, las cadenas de amores, el árbol de la familia, los discursos. ¡La oratoria reserva en su retórica con tanta realeza oculta! Es  difícil aprender a despejar la verdad de lo inocuo, lo inodoro, lo superfluo, lo manipulado, lo que se esgrime como fe de erratas, dígase, fe de hombres.

La verdad es esa evasiva bruja de misiones furtivas. Tiene olor, sabor, color y efecto. Ella te sabe. Acercarte a su paraje siempre será un asunto de decisiones y valentía.
Hoy te brindo en el Día Mundial de la Tierra, algunas miradas a nuestra naturaleza. Pertenecen a ilustres hombres de ideas, como Máximo Gómez, Antonio Núñez Jiménez, Fidel Castro y José Antonio Saco, el ilustre bayamés. En su artículo La Naturaleza aliada de los libertadores, Antonio Núñez Jiménez, reseñó:
El amor a Cuba, a su Naturaleza, a su paisaje y al canto, y la música de éstos, es uno de los rasgos característicos del muy recio carácter de Máximo Gómez, Generalísimo del Ejército Libertador, quien al desembarcar junto a Martí en Playita, siente deseos de besar la tierra cubana. Y es que la Patria tiene su certificado de nacimiento en la primera identificación del Hombre con su entorno natural y social. Escribió Gómez:
“En aquella solemne hora, de no haberse sentido tan preocupados buscando orientación en el suelo y en el cielo, hubieran besado las arenas de la playa, que señalaban las huellas de sus pisadas.”
Nuestros libertadores, entre cargas al machete, el vado de los ríos y los campamentos escondidos en el monte, siempre tuvieron tiempo para escribir sus impresiones, no sólo de la guerra, sino del maravilloso paisaje que los fascinaba. Gómez escribió en El Viejo Educá sobre la necesidad de adaptarse a la Naturaleza y señaló algo que recuerda mucho a Federico Engels al decir el mambí:
“Del acosamiento y la persecución sin descanso, de la matanza sin piedad, de las terribles y constantes privaciones, de todo eso, grande y feroz, resultó otra cosa más contratable y sublime: la necesidad. Esa es una madre severa, pero buena. España no supo lo que hizo. Nos enseñó a pelear de firme. Llegando a los extremos, nos hicimos seriamente cargo de tan grande. El combatiente amó la montaña, el matorral, la sabana; amó la palma, el arroyo, la vereda tortuosa para la emboscada; amó la noche oscura, lóbrega, para el descanso suyo y para el asalto al descuidado o vigilado fuerte enemigo.
“Amó más aún la lluvia que obstruía el paso al enemigo y denunciaba su huella; amó el tronco en que hacía fuego a cubierto, y certero; amó el rifle, idolatró al caballo y al machete. Y cuando tal amor fue correspondido y supo acomodarlo a sus miras y propósito, entonces el combatiente se sintió gigante y se rió de España.”
Por eso, el 15 de enero de 1960, en el discurso por el aniversario 20 de la Fundación de la Sociedad Espeleológica de Cuba, Fidel expresa, al referirse a la exploración de los Pinares de Mayarí, realizada por Núñez Jiménez en 1945:
“Y esto lo logramos con la ayuda de la Naturaleza, porque tuvimos la fortuna de descubrir en ella la fuerza necesaria (…)
En su Colección de papeles científicos, José Antonio Saco, incorporó una breve referencia a los desmontes en las márgenes del Río Cauto como causa de la decadencia de su natal Bayamo, cuando en 1616 una gran inundación provocó que las tierras, sin el apoyo de las raíces de los árboles, fueran a parar a la desembocadura del río y cerrará el paso a las embarcaciones de mayor calado. Del mismo modo, en su Memoria sobre los Caminos, Saco se opuso con argumentos convincentes a quienes opinaban que la sombra de los árboles causaba perjuicios a esas vías de comunicación.
Desde su tiempo de vida, dirigió la mirada con ahínco a problemas de las ciencias aún resueltos en nuestros días, la interacción de los seres humanos con medio físico-natural.
Cuando subas a la montaña, si ves un nido de cotorras desde el tronco de una palma hueca y te abriga en el reposo del camino, no dejes de apreciar la gracia de vivir en una isla tropical. Disfruta la vida de las cantoras, más que el trucaje de cómo tumbar más rápido del nido la cría. La naturaleza, si te aprecias en algo la vida y el sueño de tus hijos, es una curadora de almas, más que forraje para cierto vicioso candongueo.
En estos escondrijos que reverdecen con abril en las lomas de Fomento, los guardabosques no duermen. Nuevas poblaciones de cateyes, cotorras, aves endémicas están por salvarse o naufragar en la inevitable marea humana. El negocio con las aves tropicales es pérfido y depredador, y nunca necesario. Ni los veteados curujeyes se escapan ya del listado en la bolsa de especies hurtadas de su hábitat natural.

Por la escritura de otros héroes, por los poemas del mañana desde esos sitios, donde crecen los montañeses, regreso otra vez a las voces de los libertadores. Te regalo un aforismo del Maestro José Julián y fragmentos de dos poemas sin nombre de Dulce María Loynaz, la hija del General:
“El mundo sangra sin cesar de los crímenes que se comenten en él contra la naturaleza”
Poema VIII
“De tierra crece la montaña. De paciencia de tierra, pulgada por pulgada, o de crispadura de tierra que empuja hacia arriba el fuego de dentro, o del espasmo doloroso de la tierra joven –carne del mundo- en los albores dela Creación…
Pero de tierra crece la montaña…, siempre de tierra.”
Poema CXXIV
Tú eres por excelencia la muy cordial, la muy gentil. Tú te ofreces a todos aromática y graciosa como una taza de café; pero no te vendes a nadie.
Te desangras a veces como los pelícanos eucarísticos, pero nunca, como las sordas criaturas de las tinieblas sorbiste sangre de otras criaturas.
Isla esbelta y juncal, yo te amaría aunque hubiera sido otra tierra mi tierra…

Y entonces, pamina, dice la niña de la casa, si se va el mundo, ya no hay sueños en mi corazón, y el cochero no será azul y él no podrá viajar con su familia a la playa, y yo tampoco…

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Acerca de Fomento en Vivo
Fomento en Vivo comparte vivencias desde el municipio de Fomento en el centro de Cuba y el quehacer de su gente.

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