Borgeando mis sombras

el mundo es la vida y la vida gira entre números, letras y sombras,

hay tanta luz en la sombra de la niñez…

Juego en las sombras de la noche con las lecciones de prescolar. La niña zarandea con su aro y aprehende en el aire los primeros trazos. Salta como todos los animales conocidos, el conejo, la rana, el mono…

La débil visual y zurda dobla en dos la libreta y la doma. Las palabras de la maestra Romelia todavía resuenan y no hacer la tarea diaria era cuasi un crimen. Corrían los años cumbre de la educación cubana. Mi madre ya estaba en el mural de los fundadores.

Y la niña apenas es una espiral en la acera.  Es otra ahora la silueta escondida detrás de las palmas del jardín. Parecían los imponderables 70. No se podía disimular el peso en un hilo, una gacela con  las motonetas rizadas. Vuelvo a jugar a la tacha y le gano a mi prima. La gordita hacía trampas  y yo la abrazaba, era mi hermana picapleitos. Me defendía del mundo. Yo ni siquiera sabía que existía otro, fuera de los sueños y los libros.

Era el paraíso en la noche, el abrigo de mi mamá de pelo rojo y crespo, la maestra siempre seria, ejemplar, militante, comunista y creyente. Miriam Sebastiana era mi espejo y Dios solo le permitió vivir en mí siempre joven.

La fe de aquellos tiempos era esperanza sagrada, hoy abre senderos hasta fariseos y turbios. La niña salta y el conejo, el mono, la rana sonríen. Entramos al mundo de las letras. No hay otro más completo.

Borgeo entre mis sombras y el tiempo se detiene. Un siglo atrás el argentino, el huraño, se sintió alguna vez como yo, todavía en la noche, flor altruista y cálida.

Un ciego

// //
No sé cuál es la cara que me mira
cuando miro la cara del espejo;
no sé qué anciano acecha en su reflejo
con silenciosa y ya cansada ira.Lento en mi sombra, con la mano exploro
mis invisibles rasgos. Un destello
me alcanza. He vislumbrado tu cabello
que es de ceniza o es aún de oro.

Repito que he perdido solamente
la vana superficie de las cosas.
El consuelo es de Milton y es valiente,

Pero pienso en las letras y en las rosas.
Pienso que si pudiera ver mi cara
sabría quién soy en esta tarde rara.

Alguien

Un hombre trabajado por el tiempo,
un hombre que ni siquiera espera la muerte
(las pruebas de la muerte son estadísticas
y nadie hay que no corra el albur
de ser el primer inmortal),
un hombre que ha aprendido a agradecer
las modestas limosnas de los días:
el sueño, la rutina, el sabor del agua,
una no sospechada etimología,
un verso latino o sajón,
la memoria de una mujer que lo ha abandonado
hace ya tantos años
que hoy puede recordarla sin amargura,
un hombre que no ignora que el presente
ya es el porvenir y el olvido,
un hombre que ha sido desleal
y con el que fueron desleales,
puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
una misteriosa felicidad
que no viene del lado de la esperanza
sino de una antigua inocencia,
de su propia raíz o de un dios disperso.

Sabe que no debe mirarla de cerca,
porque hay razones más terribles que tigres
que le demostrarán su obligación
de ser un desdichado,
pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga.

Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.

Los espejos

Yo que sentí el horror de los espejos
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejossino ante el agua especular que imita
el otro azul en su profundo cielo
que a veces raya el ilusorio vuelo
del ave inversa o que un temblor agita

Y ante la superficie silenciosa
del ébano sutil cuya tersura
repite como un sueño la blancura
de un vago mármol o una vaga rosa,

Hoy, al cabo de tantos y perplejos
años de errar bajo la varia luna,
me pregunto qué azar de la fortuna
hizo que yo temiera los espejos.

Espejos de metal, enmascarado
espejo de caoba que en la bruma
de su rojo crepúsculo disfuma
ese rostro que mira y es mirado,

Infinitos los veo, elementales
ejecutores de un antiguo pacto,
multiplicar el mundo como el acto
generativo, insomnes y fatales.

Prolonga este vano mundo incierto
en su vertiginosa telaraña;
a veces en la tarde los empaña
el Hálito de un hombre que no ha muerto.

Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro
paredes de la alcoba hay un espejo,
ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo
que arma en el alba un sigiloso teatro.

Todo acontece y nada se recuerda
en esos gabinetes cristalinos
donde, como fantásticos rabinos,
leemos los libros de derecha a izquierda.

Claudio, rey de una tarde, rey soñado,
no sintió que era un sueño hasta aquel día
en que un actor mimó su felonía
con arte silencioso, en un tablado.

Que haya sueños es raro, que haya espejos,
que el usual y gastado repertorio
de cada día incluya el ilusorio
orbe profundo que urden los reflejos.

Dios (he dado en pensar) pone un empeño
en toda esa inasible arquitectura
que edifica la luz con la tersura
del cristal y la sombra con el sueño.

Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso no alarman.

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Acerca de Fomento en Vivo
Fomento en Vivo comparte vivencias desde el municipio de Fomento en el centro de Cuba y el quehacer de su gente.

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