Yosbany Veitía: El ídolo de Delicias (+fotos)

Veitía logró ocho triunfos en igual número de presentaciones en la Serie Mundial de Boxeo.

Veitía logró ocho triunfos en igual número de presentaciones en la Serie Mundial de Boxeo.

Con resultados internacionales como para presumir, el pugilista fomentense se mantiene aferrado a su caserío.

 

En trajines de comida para los cerdos, al abrigo de una diminuta casa en Delicias, ese caserío disperso en el monte fomentense, nadie imaginaría al hombre que “domó” al universo hace solo días y que aspira a recibir la copa como mejor boxeador de la Serie Mundial de Boxeo, en pugna con otro compañero de equipo.

Y aunque la noticia se diluyó entre el tiempo, los goles y la incomunicación, Escambray la rescata por merecimiento, gracias a la ayuda de Demetrio Marín, responsable de una de las públicas del lugar, quien fue decisivo en esta coordinación de recado en recado.

Así el semanario cruza unos “golpes” con Yosbany Veitía Soto, en el lugar donde mejor se siente, lejos de las fanfarrias, del gong y del bullicio citadino.

Para Veitía la pela más complicada de la WSB fue en Estados Unidos.PRIMER ASALTO

Estudio de contrarios y trabajo intensivo. Llegar de intrusos y ganar cuesta caro. Sin camiseta y sin protector es más difícil, pero se logra. Unas libras de más y ¡a pasar hambre!

“Fue un premio a tanto esfuerzo, más cuando estábamos dentro de los tres primeros. La preparación fue más rigurosa: fuimos a Pinar del Río; peleábamos ocho, 10 asaltos; corríamos 6 kilómetros diarios de resistencia y unos 1 000 de velocidad; caía muerto en la cama todos los días, pero valió la pena”, sostiene Veitía.

“Decidió la preparación física y nos fuimos adaptando en el camino. Sin cabecera es más complicado, porque viene un codazo o un cabezazo, y una herida te puede sacar del combate.

“Debí bajar de peso, llevo años entre 48 y 49 kilogramos y me lo estoy sintiendo, me quedaba dos tres días sin comer, pero dije: esto es una sola vez; me privé de algunas cosas durante varios meses, pero somos campeones”.

SEGUNDO ASALTO

Desenfunda su zurda con rapidez y efecto. En forma de  swing o de jab. Esto, y la fogosidad que no da tregua al contrario, lo vuelven temible. Un desquite a golpes no viene mal para marcar terreno.

“Desde el inicio tuve fe en mí, me sentía inspirado y empecé a ganar mis peleas. La primera me dio impulso con el mexicano Joselito Velázquez. Tenía la espinita de haber perdido frente a él en los Juegos Panamericanos, donde mi equipo entero cogió oro y yo, plata. Ellos habían quedado en cuarto lugar el pasado año y desde el primer tope estaban psicológicamente destruidos. Nos hicieron una entrevista  a los dos juntos, tuve que reírme y decirle: yo aquí vine a ganar. Y lo cumplí, es un buen boxeador, pero le gané fácil las dos veces.

“La más complicada fue en Estados Unidos. Me pasó por cabezón: me embuché de mucho líquido, estaba bajando de peso y el cuerpo me lo pedía; en la pelea no tenía ni fuerza en los brazos, gané por el sobresfuerzo que hice, al otro día ni me hallaba.

“No creo que hayan sido rivales inferiores, solo que he cogido más confianza, tengo más experiencia; hacía lo que me decían en la esquina, la exigencia y la disciplina son fuertes, pero eso hace falta”.

Veitía: La primera pelea me dio impulso con el mexicano Joselito Velázquez.TERCER ASALTO

Habla a ráfagas como sus swings, pero trasluce el alcance de la euforia. De sus rivales no recuerda los nombres, mas los conoce al dedillo. Suena el gong final. Perder implica cortar la racha de siete. A esta hora, Cuba y Delicias agregan presión.

“El entrenador de Rusia declaró que en la semifinal insertaría a sus mejores hombres, pero allá mismo les metimos las manos y se quedaron callados. En la final mi entrenador me dijo: ‘Tenemos que ser campeones y tú eres quien rompe el hielo’. Me sentí presionado al principio y me dije: aquí hay que ganar. Cuando salí al ring estaban el personal de la embajada, muchachas del voleibol…, eso me animó. Fue un triunfo de todos. En la pelea del desempate de Despaigne éramos un grupito y nos cogimos las gradas, todo el mundo se quedó ronco, el público no podía hacer ni bulla, dirían: ‘¡Mira a esos locos!’. Al final terminaron aplaudiendo, porque se dieron cuenta de que Cuba era la mejor escuela.

“Hasta la AIBA se asombró de que ganáramos; un representante dio las gracias y dijo que Cuba le había dado sazón a la serie. Ya en los últimos eventos uno ve que sienten más respeto por nosotros; dicen los entrenadores que a la hora de hacer el sorteo en el congresillo, cuando ven que no les cae un cubano, hacen: ¡ahhhh! Ya en la calle la gente nos identifica, llenamos el coliseo, eso le hacía falta al boxeo”.

CUARTO ASALTO

Un  minuto de descanso. Otra tanta de puños le aguarda. Aún la caldosa tendrá que esperar y los baños en el río, también.

“Muchos se preocuparon porque no fui al clasificatorio centroamericano. Fue una decisión personal, me reuní con el entrenador y el comisionado y les dije: no me siento bien para hacer el peso en una semana, no voy a lucir bien. Decidí que llevaran al otro de 49 kilogramos, ahora en julio voy al clasificatorio de Colombia, pero en los 52. No me puedo confiar porque es una división que nunca he hecho internacionalmente, solo he peleado una vez en el Campeonato Nacional, pero me siento bien.

“No estoy renunciando a los 49, hablaría con mi entrenador para ir al campeonato mundial y la Olimpiada de Río de Janeiro en ese peso, que es donde me conocen, y, si Dios quiere, trataré de lograr una medalla que me falta en esos eventos. Cuando empiece la Serie Mundial en enero, ganando tres peleas me da la clasificación para Brasil y sin tener que esperar al 2015.

“Aquí estoy activo, es más fácil porque tengo una base, con dos carreras me siento bien, soy el primero en mi división, pero no puedo tirarme al abandono porque otro viene atrás”.

Mis rivales no han sido inferiores, solo que he cogido más confianza, tengo más experiencia, opina Veitía. QUINTO ASALTO

Para este sábado, Fomento le tiene deparado un abrazo colectivo, quizás tan diluido en el tiempo como esta entrevista, pero igual de imprescindible.

Ahora se quita los guantes. En este ring, sin lujos, rodeado de los mimos de Ernestina Soto, su tía, no hacen falta fintas. Recuenta una treintena de medallas. Sueña exhibirlas en la pared de una casa que algún día espera disfrutar. En estos parajes montunos lo descubrió Isbey cuando con unos siete años “siempre estaba faja’o con los muchachos”. A los 22, sigue prendido a los mismos ariques, sin creerse lo que es: el ídolo de Delicias.

“No tengo esa creencia de que yo, porque tenga esos títulos… Donde quiera saludo a la gente, siempre he sido muy humilde, me gusta mi zona, tener mi casita aquí, disfruto esto, nos acostamos a las once de la noche riéndonos, haciendo cuentos, oyendo música o  preparamos una caldosita; voy a ver los puercos o al río, al hotel con mi primo… No es que sea conformista, pero de ahí para allá no conozco a más nadie.

“Cuando estoy fuera tengo que llamar a la casa cada dos o tres días; por eso hace cuatro años pedí un teléfono de esos de minutos; todavía lo estoy esperando, pero sigo aquí, tranquilo, lo que más disfruto es cómo la gente de este barrio sigue mis peleas, y cada vez que viro de un evento me reciben como ahora”.

(Tomado de Escambray digital)

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