El campeón mundial de Delicias

por Elsa Ramos Ramírez

A pesar de la espera, ante los tropiezos de Irma, Escambray dialoga con Yosbany Veitía, el único espirituano titular mundial de boxeo.

Veitía se hizo del título de los 52 kilogramos en el Mundial de Hamburgo, Alemania.

Veitía se hizo del título de los 52 kilogramos en el Mundial de Hamburgo, Alemania.

Cumplo con esta entrevista una deuda editorial y lógica. Apremios noticiosos derivados del paso de Irma la aplazaron. Pero más vale tarde que nunca, porque Yosbany Veitía Soto, el único espirituano campeón mundial de boxeo, podría justificar un periódico.

Lo respaldó desde que venció al uzbeco Jasurbek Latipov en la final de los 52 kilogramos en Hamburgo, Alemania. Dicen muchos que no fue esta una de sus mejores presentaciones sobre el ring. Mas, con lo que le cuesta a los cubanos obtener el favor de los jueces, algo debió convencer a estos para que votaran de forma unánime 5-0.

Ni ese detalle impidió que Delicias y Fomento se paralizaran el 2 de septiembre. También Sancti Spíritus y Cuba. Primero, porque nada puede restar el brillo de este oro merecido. Segundo, porque al portador le sobra humildad y talento para sustentarlo.

Despojado más de una vez de un título demostrado sobre el cuadrilátero en este o aquel torneo, quizás hasta por aquello del gen espirituano que nos deja, casi siempre, en segundo o tercer escaños, Veitía se debía a él mismo esa medalla, luego de transitar por una especie de escalera: bronce mundial juvenil, plata y bronce en mundiales de mayores, subcampeón panamericano en Guadalajara 2011 y titular a esa instancia en Toronto 2015.

“Me sentía seguro de mí, pero a la vez tenía una deuda con mi país, mi pueblo, con muchas personas que me siguen. Tuvimos que adaptarnos muy rápido al cambio de horario, al clima, pero todo mi pensamiento fue coger mi título, que era lo que me hacía falta”.

No quiso pensar en fantasmas, ni amuletos. “Encima del cuadrilátero hay que esperar lo que pase, pero desde que abrí la primera pelea me dije: sé que puedo discutir el título. Cuando se supieron los rivales me comenté: No puede ser que vaya a perder esa final, mi contrario en ese pleito cayó por el otro lado en el sorteo y conocía a todos los que estaban en mi grupo”.

El día antes de su corona tuvo una final adelantada frente al ruso Tamir Galanov, a quien venció 3-2. Entonces, todo comenzaba y terminaba en él mismo. “Aparte de que mis entrenadores y mis compañeros me alentaban, me sentí en buena forma deportiva que favoreció el diario sobre el ring, también tenía delante de mí el espejo de Julio César La Cruz, La Sombra, que cada día me daba ánimo. Es mi mejor amigo, mi razón para seguir en el deporte. Él me dijo: “Tienes que coronarte este año”. Y sí que es un buen amigo. Solo a través del celular de Julio César, que a su vez me facilitó la tía Odalis desde Delicias, pude encontrar el de Veitía para contactarlo, una empresa tan difícil como ganarle sobre el ring.

De su colega camagüeyano tomó el empuje cuando la sangre en el rostro casi le coarta el sueño: “En este torneo me cuidé mucho las heridas porque sabía que en cualquier momento se me podía abrir alguna de un cabezazo o un encuentro de frente. Ya conocía al contrario y no quería que me hiriera porque si lo hacía en el primer asalto podía perder la pelea. Lo hizo en el segundo y cuando llegué a la esquina mi entrenador me dijo: Está grande, ¿cómo te sientes?. Le contesté: Entero. Cuando me vi sangrando, miraba al árbitro y pensaba: me van a parar, pero no perdí la concentración, varias veces me ha pasado y se me ha ido la victoria, pero en esta ocasión esperé que pasara el tiempo y pude terminar. Yo mismo no me lo creía: ¡campeón del mundo!

“Lo viví mucho con otro campeón mundial al lado mío: Julio César. Le agradezco mucho al entrenador Raúl Fernández que siempre me decía: Tú tienes que ser grande también, mira, tu amigo va por su cuarto título, y eso me inspiró mucho”.

Y ganó, y con él, su tierra, su hijo: “No dormí pensando: ¡Cómo debe estar la gente de mi pueblo!, que yo sepa el único campeón del mundo de Santi Spíritus en boxeo soy yo y eso es un orgullo grande.

“Todo lo agradezco a mi familia, a mi pueblo que me sigue y ahora cada vez que me ve me grita: “Campeón, campeón, y eso se siente bonito. Y, claro, a mi pequeño Maikol, que es mi sueño”.

Ahora, por fin, respiro aliviada por este diálogo reconstruido, gracias a la ayuda incondicional de mi colega fomentense Yuniel Díaz Granela para rastrear a Veitía, quien festejó su título en Delicias, donde sintió las rachas de Irma. El propio ciclón deshizo el homenaje “a lo grande”, que le preparó Fomento. Pero el meteoro no pudo, sin embargo, llevarse la alegría del lomerío. Cuenta su tía Odalis que aún no se habla de otra cosa que no sea aquel mediodía de septiembre cuando su casa se nubló de gente, tanto como la de los demás tíos para gritar y gritar.

Así Veitía renovó su convicción. “Ahí me crié, es el diario mío con mi gente y eso no pienso dejarlo”. Por ahora, lo dejó. De retorno a su escuela en La Habana, ya tira golpes para nuevos empeños. “Este año me queda el Girón en mi provincia, este título me va a abrir las puertas. Cada torneo es una experiencia y con este resultado me miran diferente, árbitros, jueces, los contrarios… En la Olimpiada de seguro voy a traer alguna medalla, es solo esperar”.

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