Lo que la niebla devela en octubre

La niebla no nos deja. Hoy quiere ser densa por el caprichoso Sol que irrumpe a jugar con el fresco del despertar entre montañas. Son los días de octubre que se parecen a los de ayer y a los de antier. Alguien nace, alguien se muere, alguien renace en su propia muerte. El que se va es borrascoso, casi igual por la cortina que vela estos amaneceres. No caen en la hojarasca de la arboleda las hojas rojas de otros lares sino los granos rojiamarillos en espera de la recolección. Quisiera negarlo mas por casi 30 años es trunca la cosecha cafetalera en estas laderas. Quien apuesta por la verdad no sube a encontrar ni un ápice de ella. Sigue poniendo humo para contar volutas y gestar más olvido en su fama.
La niebla cede un poco. No hay rocío sino lluvia, se pega la camisa y se encueran las botas para escribir las historias de la rudeza de una guajira trepando el monte. Es el convite de las mujeres serranas con el jabuco a la espalda. Habría que ver si la niebla, que no nos deja vivir con más luz en octubre, penetra profundo el alma porque también lleva el nombre de ellas. La neblina no nos deja avanzar en la escalada. Las guajiras se adueñan del aroma de café entre campos de mariposa para despejar el día y abrigar los sueños. Ojalá sean los deseos de mañana. #migentebella #coffeetime #Cuba

Daniela y mi abuelo cazador

La pequeña Daniela habla hasta por los codos, será una bella guajirita, mira seria a la cámara mientras las laderas de Gavilanes le rodean con su verdor esperanza. Ella pertenece a esa gente amable que amamos en las montañas de Fomento. Solo tiene dos años, ama que la monten a caballo y su abuelo Andrés Carballo, apenas me reconoció, atizó las historias sobre mi abuelo Matías Romero como fundador de la Federación de Caza Deportiva en Fomento. Recordó la experiencia que mi viejuco transmitió a sus hijos y amigos sobre la cacería de perros jíbaros en el Escambray. Volveré al sitio llamado Guineo para recolectar esas anécdotas familiares y volveré con el morral lleno para ustedes. Y para contarle a Daniela cuando sea grande

El niño del camioncito y una casa de Manzanillo

Un niño feliz en el medio de la sabana donde aún no levantan los horcones de su nuevo hogar revolcó todos mis recuerdos de niña cuando jugaba con una imaginaria yunta de bueyes en la escuela. Y es que en el mismo centro de la cría de ganado de raza de la Granja El Ruano de Fomento tiene su hogar Noel Arce, un campesino que ahora debe apostar más que por exponer y vender animales certificados en las ferias, una morada decorosa para su esposa y su hijo y el propio descanso de su cuerpo de agricultor después de la faena del día.

Del hogar de madera derrumbado por los embates de los vientos del huracán Irma, apenas queda el rancho pequeño donde guardaban los útiles de trabajo. Y de allí salió el cafecito humeante con que nos recibieron tras brindar cercas y arroyos de la sabana donde estuvo una deteriorada construcción que se llevó el huracán.

Cuántas veces han visitado el lugar los directivos de la Empresa Agroforestal Ramón Ponciano para agilizar las acciones de cimentación y levantamiento de las paredes donde vivirá el pequeño que con su juguete mueve y remueve la arena que un día ayudara a levantar la nueva casa que hoy solo existe en proyecto.

Allí el pequeño desarmó entretenido y orgulloso sin mirar a ninguno de los visitantes su camioncito de volteo una y otra vez mientras lo rodean caballos, vacas, guanajos y chivos, esa belleza de ganado que cría su papá, el viejo pilón de café, y más allá, un surco de arroyo y palmares que rodea el camino de acceso.

La pequeña casita con techo de cartón y los cimientos de pedruscos de río hoy son imperceptibles en la perdida sabana de la Granja El Ruano. Quién sabe qué tiempo demore para tenga Arce, su esposa e hijo la nueva casa de madera a la vieja usanza de los ganaderos de la zona. Depende, quizás en última instancia, de su propio dueño. Él solo mira al hijo de soslayo cuando le tomo una foto con el celular. Las palabras de una mirada dejan ver un atisbo de censura. Era escasa la sospecha cuando sopesó el deslumbramiento de la presentación, no se esperaba el hombre que le dijeran: Y trajimos con nosotros a la periodista. Mientras ellos discurrían el dilema de los recursos que nunca llegan ni por un camino ni por otro hasta el centro mismo de la finca, sonreí al descubrir el potrico y su madre pastando detrás del casucho.

Cuando te pregunten por la felicidad, amigo, ten por seguro, está en ti mismo y no en el mundo. Quizás se traza desde los sueños de tener un techo digno cuando la familia de un pequeño menor de cinco años le procure, con alguna sensación de altruismo de los directivos de la Agropecuaria y la fiscalización de las autoridades estatales, lo que se supone sea el primer paso para llamarse ciudadano del mundo, tener un hogar.

Soñar Coppelia

Había una vez un chino enamorado de Coppelia y de sus helados.  Años pasaron y seguía soñando con sabores y variedades que ahora solo existen en la memoria de aquel joven estudiante. Ya lo dijo Mark Twain: “Cuando era más joven podía recordarlo todo, hubiera sucedido o no.”                                                                                                                                   YDM

¿Y volverá la Presa El Lago?


Hoy fue el primer día del mes más corto y quise extenderlo más. Y llegué hasta donde estuvo la Presa El Lago cerca de las huellas del meteorito que hicieron famoso una y otra vez a Fomento.
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Vivir Coppelia

27073299_10209958939481541_1372538808995638295_n Si has pasado por La Habana debes haber vivido esta experiencia, no obstante la Catedral del helado siempre guarda sorpresas. Leer más de esta entrada

Margot

Margarita Cabrera en el cafetal. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

 

Margot sonríe apenas. Me ofrece el único aguacate no podrido de la arboleda, sopesa el paraje sin fronda y mueve inquieta el machete.
Margot posee 1.25 ha de café en usufructo. Foto: Oscar Alfonso Sosa
“Hay que seguir, qué vamos a hacer, uno no hace nada con desanimarse”.

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