Daniela y mi abuelo cazador

La pequeña Daniela habla hasta por los codos, será una bella guajirita, mira seria a la cámara mientras las laderas de Gavilanes le rodean con su verdor esperanza. Ella pertenece a esa gente amable que amamos en las montañas de Fomento. Solo tiene dos años, ama que la monten a caballo y su abuelo Andrés Carballo, apenas me reconoció, atizó las historias sobre mi abuelo Matías Romero como fundador de la Federación de Caza Deportiva en Fomento. Recordó la experiencia que mi viejuco transmitió a sus hijos y amigos sobre la cacería de perros jíbaros en el Escambray. Volveré al sitio llamado Guineo para recolectar esas anécdotas familiares y volveré con el morral lleno para ustedes. Y para contarle a Daniela cuando sea grande

Pensando en mi gente a las seis de la mañana

Radio Rebelde reprodujo esta madrugada opiniones de los habaneros sobre el Proyecto de Constitución y alguien reafirmó: Que la gente diga lo que piensa. Y con la taza de café que despierta el día empecé a escribir otra opinión, la mía, que la palabra empeñada no quede en letra muerta. Que el tiempo finito se multiplique en obras infinitas y cambios en el horizonte. De lo contrario, pienso y tengo dudas que los guajiros de mi pueblo podamos creer que un municipio como Fomento sea un día un tín autónomo, mientras sigue perdiendo producciones y servicios mientras a otros en el país se les incrementan los panes y los peces, para no escribir otras sensibilidades locales que taladran a mis amigos y conocidos. Regreso a una idea de Martí que venero: hacer es la manera de decir.

No podemos interpretar las opiniones de los constituyentes como las miradas de los otros, sino ponernos en el rol de los otros, en su historia que no difiere tanto a la nuestra, para entender sus miradas. Eso debe primar en la llamada #ReformaConstitucional, la visión cualitativa de la nación inmersa en transformaciones profundas, paradigmáticas y únicas en el mundo, y no la cuantificación subjetiva de un objeto en análisis bajo el prisma militante.

Tengo la convicción que seremos lo suficientemente sabios para pensar como lo hubieran querido los grandes hombres y mujeres de la historia patria. Lo que se debate y está en juego no es la aprobación de un artículo, ni la definición solamente de una palabra, ni el posicionamiento de un sistema. Está emplazado mucho más. Quienes trazan la ley de leyes están obligados a dejar atrás todo posible acuse de mirada economicista u ortodoxa de una Carta que nunca en la historia de la República se había estudiado y conocido tan al detalle por sus habitantes. Están equivocados quienes piensan que en ello solo nos va la paz y seguridad con que vivimos gracias a la obra que nació con la Revolución, o que se puede perpetuar en sacra letra la jerarquía de un modo de ver el mundo.

Creo que en la Reforma de la Carta nos va mucho más.  Cuba vive días históricos, hagamos de ellos la simiente de un lugar mejor para vivir. La gente no cree en las cosas por que le escriban y le digan sobre ese u otro caso, la gente cree y crea para preñarse y parir sus sueños cuando estos, que son por los que lucharon nuestros padres y nuestros abuelos, se hacen realidad. Eso es lo que le debemos a Fidel, a su concepto magistral de Revolución y a las generaciones que asumirán la escritura del mañana que delineamos hoy en #HacemosCuba.

 

¿Y el embarazo andando?

-No camines apurada. Tengo mareos.
-Será un efecto del metronidazol. ¿No dices que le sobran bichos a tu barriguita?
-¿Barriguita? ¿Me ves más gorda?
-No, mija, te veo igual.
-Es que ahora me acuerdo que desde julio no tengo la regla.
-Bah, como si eso fuera extraño, doña Despiste… A ver, ¿te duelen los senos?
-Sí, me duelen… Pero son los quistes.
-¿Y si son los síntomas primeros de la menopausia? A unas mujeres la menstruación les dura hasta los cuarentitantos, y conozco otras que la tienen hasta los sesenta.
-¿Y en qué grupo me ves?
-En el de las bailaoras del majá, siempre rodeada de bichos.
-Hazme caso, chica. Esta semana, cuando fui a comprar las íntimas, la de la farmacia me echó en cara que llevaba dos meses sin cogerlas. Ahí caí en la cuenta de que no tenía marcadas las crucecitas en los meses de agosto y septiembre.
-¿Y desde cuándo tú tienes pareja? Que yo sepa tú estás enamorada de las plantas, los libros y los tejidos.
-¿Y si me embarazaron la savia entre el intertexto y el entresacabocao?
-¡Bah! Ese es el metronidazol, muchacha, no la revuelvas más.

Consumo privado

– ¿Y tú? ¿Qué tomas para olvidar?
– Distancia.
-¿Y de entremés?
-Silencio.

-¿Y lo sabes digerir bien? ¿No necesitas digestivo o alguna ensalada?

-A veces los silencios se sirven al strike y otras con aderezos. Dice un amigo que muchos sucesos tienen una cobertura casi nula porque el silencio le pone un sello a la distancia. Le disipa los efectos, es como tomar un coctel sin alcohol.

-No creo lo mismo. El que quiere cambiar debe tomar al menos un poco de riesgos, para enunciar sus razones, si acaso las últimas. Callar esas razones es también un silencio.

-Peor es lo que criticas. ¿No te parece? Debes aceptar la distancia de quienes no quieren hablar.

-Debe ser porque la complicidad de un brindis se logra con dosis de silencios. Por favor, espera a encontrar los pretextos y justifica después el servido. No todo el mundo tiene derecho a los entremeses.

Pedro de Jesús: Apostilla a uno de los redactores del Proyecto de Constitución

Foto: Kako Escalona / ShutterStock

Foto: Kako Escalona / ShutterStock

Tomado del Blog La Cosa

Por Pedro de Jesús

Comparto esta breve apostilla a la intervención que hiciera el miércoles 26 de septiembre el historiador Elier Ramírez —miembro de la comisión redactora del Proyecto de Constitución— en el programa televisivo Hacemos Cuba, retrasmitido el jueves 27 en el espacio Buenos Días.

Primero, transcribo algunos momentos del diálogo entre Elier Ramírez y su entrevistador.

 Elier Ramírez. […] No se debe confundir […] el funcionamiento del Partido con el funcionamiento del Estado […] El Partido —como está establecido, y como está escrito en la letra de la Constitución— organiza y orienta, es decir, moviliza […] conduce, controla, fiscaliza, es decir, establece las directrices, pero no puede suplantar el papel del Estado, del Gobierno, en sus funciones cotidianas, ejecutivas, administrativas. Es decir, es como está, incluso, escrito también, y aprobado en los Objetivos de la Conferencia del Partido […] El objetivo número 5 aprobado por esa Conferencia del Partido dice: «eliminar en los métodos y estilos de trabajo del Partido la interferencia y suplantación de funciones y decisiones que corresponden al Gobierno y a las instituciones administrativas. Para ello ejercerá su responsabilidad de dirección y control mediante la comprobación de la implementación adecuada y el cumplimiento de los acuerdos del Sexto Congreso y de los Organismos Superiores». Es decir, ahí está claro que ese es uno de los objetivos fundamentales de que, en los métodos, en los estilos, esto no suceda […]

Entrevistador. […] Alguna desviación puede estar más bien no en los reglamentos o en lo que se ha pensado, se ha establecido desde la Constitución vigente o desde el funcionamiento del Partido, sino más bien en un estilo de trabajo de suplantación por parte del Partido de una función estatal o de Gobierno, estilo que debe ser, de acuerdo a lo que me explicas, desterrado…

Elier Ramírez. Es como está establecido en los Objetivos de la Conferencia y, bueno, también es un tema que se ha discutido, que se ha planteado, que no es nuevo, ¿no?, es un tema que de años atrás se viene también discutiendo […]

El tema no es nuevo, como bien responde el historiador.

Pero se «viene discutiendo» no desde el VI Congreso (2011) o la I Conferencia Nacional del Partido (2012). Esos «años atrás» de que habla Elier Ramírez se remontan, por lo menos, a 1970, cuando hacía apenas un lustro que se había fundado el PCC. Ese año nací yo, ¡y ya cumplo 48 —casi medio siglo— el mes próximo! Así declaraba Fidel en el acto central por los festejos del 26 de Julio:

[…] en la fábrica nosotros no podemos hacer al secretario del Partido el administrador de la fábrica —hay algunas ideas en las que hay que estar muy claros—, ni podemos hacer al administrador secretario del Partido […] La materia prima del Partido es el trabajador, y la materia prima de la administración es la materia prima real: puede ser el hierro, puede ser cualquier materia prima.  […] No se pueden confundir esas tareas, ni se le puede dar a nivel de fábrica la responsabilidad al Partido. La responsabilidad del Partido no puede ser directa allí, sino indirecta. Es el Partido quien debe señalar inmediatamente al órgano administrativo superior, es quien debe señalar cualquier deficiencia, cualquier falla de tipo administrativo; pero no decirle a él, al administrador, lo que tiene que hacer. Hay que establecer bien claro las funciones del responsable del núcleo del Partido y las funciones del administrador o, mejor dicho, de la administración.

Pasados 16 años, el 2 de diciembre de 1986, en la clausura del Tercer Congreso del Partido, vuelve Fidel a referirse al tema:

Se ve claro […] que la solución de los problemas de la eficiencia, del desarrollo y de la construcción del socialismo, es cuestión del Partido, ¡está clarísimo! Y —como decía ayer— no administrando, no intentando administrar, sencillamente formando a los hombres, orientándolos, dirigiéndolos; saliéndoles al paso a todas las tendencias negativas, de cualquier tipo, a los errores; siendo ejemplo, ese fue un problema del que se habló bastante, de la ejemplaridad que debe tener el militante comunista.

Si en el VI Congreso y en la I Conferencia Nacional del Partido —ya en pleno siglo XXI— Raúl debe insistir en un problema tan inveterado en la organización que lidera, ¿qué garantías tenemos los cubanos de que ese método o estilo de trabajo —contrario a los principios de funcionamiento del Partido, según reza en sus documentos programáticos— será, algún día, «desterrado»?

En consecuencia, pienso igual que los internautas cuyos comentarios y preguntas fueron leídos: la Constitución debe explicitar cómo discurrirá la relación entre el Partido y los órganos del Estado y el Gobierno (facultades, atribuciones, deberes, derechos…). Justamente porque el Partido es «la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado», debe tener refrendado en el texto constitucional el alcance y forma en que ejercerá ese poder. De lo contrario, su estatus sería supraconstitucional, es decir, se colocaría por encima de la Ley de leyes. Ya sé que Elier Ramírez tampoco estará de acuerdo conmigo. Porque lo dijo:

Entrevistador. […] Propongo —dice Fernando— modificar el artículo 9, de manera que su redacción establezca que también el Partido está sujeto a las mismas obligaciones establecidas ahí, en el artículo 9, para los órganos del Estado con respecto al pueblo […]

 Elier Ramírez. Eh… bueno…, como planteábamos anteriormente, eh… eso está… eh… bien explícito, ¿no?, consideramos, en el artículo que habla de la supremacía de la Constitución [artículo 7], y de que todos deben…, eh…, es decir, están obligados, todos están obligados a cumplir la Constitución, la Constitución. Ya entrar a definir cuestiones internas del Partido [en el artículo 9] corresponde a los reglamentos, a los estatutos, a cuestiones que ya son propias, internas del Partido. Porque como decíamos, hay que diferenciar al Partido del Estado, y no se puede introducir principios de funcionamiento… eh… de… del Partido, es decir, no se pueden mezclar esos principios, ¿no?, tanto del Estado como del Partido, ¿no?

¡Habráse visto embrollo! Esto es lo que dice el artículo 7: «La Constitución es la norma suprema del Estado. Todos están obligados a cumplirla. Las disposiciones y actos de los órganos del Estado, sus directivos, funcionarios y empleados, se ajustan a lo que esta prescribe». Si no hace falta mencionar al Partido en la redacción de ese artículo, porque se sobrentiende incluido en la expresión «todos están obligados a cumplir la Constitución», ¿por qué entonces mencionar a los órganos del Estado? Si ese todos es tan «explícito» —como afirma el historiador— e inclusivo —infiero yo—, mejor sería eliminar la última parte del artículo: ni órganos del Estado ni Partido: simplemente todos, y sanseacabó.

Y en cuanto a que tampoco en el artículo 9 del Proyecto de Constitución se debe incluir al Partido, porque sería «entrar a definir cuestiones internas del Partido», y que eso «corresponde a los reglamentos, a los estatutos» de la organización, quedo de una pieza. ¿Le parece a Elier Ramírez que, si el Partido es «la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado», sus funciones, deberes, atribuciones para con el pueblo son una mera cuestión interna de la militancia partidista?  La vida interna de la organización no es lo que se está discutiendo; es el ejercicio del poder del Partido sobre la sociedad y el Estado. No creo que esa deba ser materia regulable por estatutos y reglamentos de la organización, sino, en última —y primera— instancia, por la Constitución. Sobre todo, porque el mencionado artículo 9 no solo se refiere a la obligación de los órganos estatales y sus directivos, funcionarios y empleados a «mantener estrechos vínculos» con el pueblo, sino también a la de «someterse a su control». Excluyendo al Partido de este artículo, se le exonera de tal obligación, carencia que no queda zanjada con que antes, en el artículo 5, se haya declarado su «carácter democrático» y su «permanente vinculación con el pueblo», porque tanto lo primero como lo segundo aparecen expresados allí en calidad de atributos o propiedades consustanciales del Partido, no como obligaciones. Es decir, se dan por seguros e incuestionables. Y no debería.

Tengo ante mí el libro Raúl Castro. Un hombre en revolución (Ed. Capitán San Luis, La Habana, 2015), donde Nikolai S. Leonov, su autor, reseñando las reuniones que sostuvo Raúl en 1994 con los cuadros partidistas y estatales de las principales regiones geográficas de Cuba, escribe:

[Raúl] Planteó con franqueza que en los comités provinciales del Partido no existía una democracia genuina, la opinión del primer secretario aplastaba la de los demás y estaban ausentes tanto la crítica como la autocrítica […] Raúl Castro exigió que los dirigentes, tanto del gobierno como del Partido, estrecharan sus vínculos con la población, y priorizaran la solución de las necesidades vitales de las personas humildes. Mencionó algunos casos que evidenciaban una insensibilidad indignante […] (: 258, 261)

Dieciocho años después, en la ya mencionada I Conferencia Nacional del Partido (2012) —y sigo citando a Leonov—:

[…] el primer secretario subrayó que […] corresponde ampliar la democracia en la sociedad y en el seno de la organización […] No faltaron las críticas a la actitud pasiva de militantes que se hacen de la vista gorda ante violaciones de la ley […] Se abordó las deficiencias en la política de cuadros, a resultas de las cuales se ha promovido a altos cargos a personas […] que no responden a las elevadas cualidades éticas que se requiere […] Se acordó […] acercar la labor del Partido a la gente, a sus problemas y preocupaciones […] (: 336, 338-339)

Que se haya acordado «acercar la labor del Partido a la gente, a sus problemas y preocupaciones» implica, lógicamente, que esta, en 2012, se hallaba lejos de la gente o, al menos, no todo lo cerca que debiera. ¿Se ha acercado desde esa fecha hasta hoy? ¿Cuánto? ¿Cómo el pueblo cubano puede tener seguridad de la futura distancia o cercanía que haya entre él y los dirigentes del Partido si el Proyecto de Constitución lo priva de la facultad de exigirla, medirla, corregirla…?

En fin, no digo más… O sí. Debo decir que, viendo «respuestas» como las de Elier Ramírez a las opiniones y propuestas de modificación, comienzo a dudar de que, al término de la consulta, el pueblo revolucionario cubano pueda, como dijera Fidel, «cambiar lo que debe ser cambiado» en el Proyecto de Constitución. Ojalá que esté yo equivocado.

(Nota del autor: Todo cuanto comento se basa en una transcripción fidedigna que hice de sus palabras y de la cual inserto en mi texto los fragmentos imprescindibles para la comprensión del lector.)

 

Pedro de Jesús López Acosta. Narrador, poeta y ensayista. Máster en Estudios Lingüísticos-Editoriales Hispánicos por la Universidad Central de Las Villas. Licenciado en Letras por la Universidad de La Habana. Miembro de la UNEAC y del Consejo Editorial de Ediciones Luminaria. Asesor literario de la Casa de Cultura «Olga Alonso» de Fomento. Entre sus premios y sus libros se encuentran: Premio Academia Cubana de la Lengua 2015, por la obra Imagen y libertad vigiladas. Ejercicios de retórica sobre Severo Sarduy, Premio Alejo Carpentier de Ensayo, 2014, Premio de cuento La Gaceta de Cuba, 2013, Primera mención en el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, 2012, Reconocimiento La Puerta de Papel a los mejores libros de Ediciones Territoriales, ICL, 2009, Premio Raúl Ferrer de poesía, 2008, Premio Alejo Carpentier de cuento, 2006.

El silencio puede ser mortal o el sonido de la misma silla

-Dicen que el silencio puede ser mortal.
-¿Cuál de ellos? ¿El de los que callan o el de los que hablan? No entiendo.
-Es sencillo, escucha la lluvia de hoy, ¿crees que se parece a la de ayer? ¿Que corre en el mismo sentido de los albañales, que las plantas la absorben por las venas de la misma manera, que los ríos tienen el mismo sonido en el correcorre de sus piedras ya menos sedientas?
-Nunca he pensado en eso.
-No pienses, vive las horas del silencio de manera diferente. Así como hace 20 años se dijo que no había cría mular para acopiar el café en Fomento, que los viales hay que arreglarlos a prisa antes de la zafra, que las actividades deportivas se inundan siempre en la misma escuela, tu mirada ahora debe ser desde otro prisma.
-Dices eso porque llevo mucho tiempo en el mismo lugar, puede ser que hasta con la misma angustia popular. Quizás, puede ser el tiempo que no cambio de silla en la misma reunión o el parecido de una opinión hoy a la que escuché hace veinte años. Quiero creer que la angustia, como me cantaron los trovadores en mis 20, es el precio de ser uno mismo. No se renuncia por que el río esté más silencioso por la pestilencia que carga sino por la inercia de los que la ven y no hacen nada.
-Mira el Saltadero de Agabama. ¿Crees que morirá? ¿Qué esa enfermedad no es crónica hasta ser letal?
-…Si es como el silencio de quienes siempre repiten lo mismo de reunión en reunión.
-Seguro que necesitan oírse. No es fácil tolerar los diversos sonidos del silencio sin probar bocado alguno.
-Tampoco lo mires de ese modo. Si el Saltadero muere o ha muerto hace tiempo en las puertas de un Balneario que ya no es, si los 500 niños de una escuela no hacen deporte por la inundación de las canchas no es por que falte cultura del silencio sino porque los sordos se siembran y no se cultivan, más bien se clonan como aliens. Hay sordos como los lóbulos del oído, internos y externos. Unos necesitan un exudado, otros urgen de un cloquear.
-Sigo pensando que debes cambiar de silla cuando vayas a cada sesión.
-Probaré pero el silencio no es mortal sino grito de una buena vez. La extensión de las reuniones no acumula el orden de las cosas sino las ensordece después de pasada la campana del reloj al mediodía. He visto hoy algunos mudos hablar y ciertos parlanchines del pretexto callar. Algo está cambiando. Falta mucho más.
-¿Ves? Has aprendido a desandar los laberintos de la tristeza y la redundancia del silencio. Las reuniones no se miden por horas sino por los golpes de agua de lluvia moviendo las piedras del río. Unas veces son extensas y vale a veces la candidez de las gotas de lluvia al horadar. De vez en vez se apura el hoyo en abrirse al paso del torrente. No dejes espacio a la tristeza o a la muerte del sonido, solo cambia el sentido de tu grito. Verás el cambio del cauce entre diluvio y diluvio. Y cómo la piedra que nunca se mueve finalmente se rinde y pasa o deja lugar a las demás.
-Gracias, por ahora tendré cuidado con el miedo que es lo peor, es capaz de tapar la solución de muchos problemas y dejar a cualquier cobarde a los cambios medio lerdo o sordo.

El laberinto del tiempo o desaprendiendo las reuniones

Calle Aguilera, Fomento, Cuba.

-La tristeza es un laberinto.
-¿Como las reuniones?
-No sé. Si las reuniones son así habrá que dibujar como en clases. Hoy enfrento a la tristeza. Tengo un presentimiento de otras vidas, una zozobra sin razones. Me siento ida. Pienso en las luchas de mis bisabuelos migrantes. Si menguara la tristeza, digo la extensión de las reuniones.
-Suerte con esa sensación y tus garabatos.
-¿Para enfrentar la tristeza o las reuniones? Pues te cuento que esta tarde solo dejó un hálito de esperanza. El diluvio se llevó las ruinas de la burocracia, el no, el no hay, esa pesadilla de que un día dejaremos de ser municipio. Está por verse lo que podremos ser. Por si acaso sigo dibujando sueños. Me siento apoderada de las luchas de otros.
-Espero que se hagan realidad. Defiende al menos tu sonrisa.
-Procura que aprueben la autonomía municipal antes de que perdamos más, me dijo un amigo. Ahora, después de dibujar tanto en una tarde de diluvio más que reuniones le puedo responder: La esperanza, sabia utopía, nos invita todavía a creer en los trazos de un mundo nuevo.
-Que el diluvio te ayude a la disminución de los pero, a los aumentos de que se puede más. Mientras, trata de no perderte en el laberinto de la tristeza, digo de las reuniones extensas. Y sonríe, sigue sonriente, el pueblo cree en tu fuerza.