Dejémosle ser maestros, teachers


por Dayenis López
El maestro deviene paradigma ético-moral y espejo en que se miran constantemente sus alumnos. Como bien sentenciara Luz y Caballero, “instruir puede cualquiera; educar solo quien sea un evangelio vivo”.
Por lo tanto, el educador debe ser ejemplo, desde todo punto de vista, mientras que su actuación, no solo en el aula, sino también fuera de ella, es un fiel reflejo de lo que explica en clase.
Hoy es el Día Mundial del Docente. La UNESCO dedica este día a promover la autonomía de los docentes, fortalecer y crear nuevos maestros de todas las enseñanzas. Pero, ¿qué tipo de maestros requieren nuestras aulas? ¿Cómo incentivar el amor por la docencia?
La docencia, como profesión y como pasión, es una disciplina a la que se la debe abordar con respeto y dedicación, demandando un gran compromiso por parte del maestro. Este compromiso será el contrato tácito establecido por el docente hacia su rol de comunicador, transmisor y precursor de la curiosidad del estudiante.
Desafortunadamente, esto que debería resultar como denominador común para todos aquellos que persiguen la vocación, parecería escasear en algunos, generándose como resultante personas que atentan contra la profesión. Mal llamados docentes, quienes extasiados por el aparente rol de autoridad que les confiere dicha relación de profesor – alumno, se empapan de esa jerarquización en lugar de involucrarse en el universo del estudiante y en la real dedicación que conlleva. Estos son casos que ya no se manifiestan de manera aislada, cada vez se presentan de forma más recurrente, y su evidencia radica en los mismos estudiantes y en su desarrollo de aprendizaje.
En contraposición a estos desalentadores de la profesión, aparecen aquellos a quienes sí les es legítima, y por sobre todo quienes desde sus nuevos aires renovadores hacen su aporte. Realmente hace que se transforme en una necesidad poder gestar a un nuevo grupo de docentes dentro de un circuito de profesionales ya instalados en la institución educativa. Generalmente se trata de personas de joven edad, con nuevas ideas, y entusiastas de aprender el ejercicio de la docencia.
Transitando el período de formación pedagógica, y culminando ya con la última instancia de éste, es claro notar cómo el número de estudiantes ansiosos por el ejercicio de la docencia ha disminuido. Cuba afronta un déficit creciente de profesionales del sector educacional entre otros motivos, por la falta de reconocimiento al maestro, las dificultades salariales y materiales y el despojo de su propia vocación por un cúmulo de reglas, normativas y burocracias que rigen hoy el trabajo del profesor.
Encontrar el goce en saberse como educador no sólo significa que un alumno termine con el curso de determinada materia, se trata de una dimensión aún mayor a esto, es lograr la autosuperación del sujeto, como estudiante, como individuo social, como agente de un grupo, y por sobre todo como sujeto curioso, con sed de aprendizaje, consiguiéndolo a partir de la superación de esas barreras individuales que lo limitan.

Pensando en mi gente a las seis de la mañana

Radio Rebelde reprodujo esta madrugada opiniones de los habaneros sobre el Proyecto de Constitución y alguien reafirmó: Que la gente diga lo que piensa. Y con la taza de café que despierta el día empecé a escribir otra opinión, la mía, que la palabra empeñada no quede en letra muerta. Que el tiempo finito se multiplique en obras infinitas y cambios en el horizonte. De lo contrario, pienso y tengo dudas que los guajiros de mi pueblo podamos creer que un municipio como Fomento sea un día un tín autónomo, mientras sigue perdiendo producciones y servicios mientras a otros en el país se les incrementan los panes y los peces, para no escribir otras sensibilidades locales que taladran a mis amigos y conocidos. Regreso a una idea de Martí que venero: hacer es la manera de decir.

No podemos interpretar las opiniones de los constituyentes como las miradas de los otros, sino ponernos en el rol de los otros, en su historia que no difiere tanto a la nuestra, para entender sus miradas. Eso debe primar en la llamada #ReformaConstitucional, la visión cualitativa de la nación inmersa en transformaciones profundas, paradigmáticas y únicas en el mundo, y no la cuantificación subjetiva de un objeto en análisis bajo el prisma militante.

Tengo la convicción que seremos lo suficientemente sabios para pensar como lo hubieran querido los grandes hombres y mujeres de la historia patria. Lo que se debate y está en juego no es la aprobación de un artículo, ni la definición solamente de una palabra, ni el posicionamiento de un sistema. Está emplazado mucho más. Quienes trazan la ley de leyes están obligados a dejar atrás todo posible acuse de mirada economicista u ortodoxa de una Carta que nunca en la historia de la República se había estudiado y conocido tan al detalle por sus habitantes. Están equivocados quienes piensan que en ello solo nos va la paz y seguridad con que vivimos gracias a la obra que nació con la Revolución, o que se puede perpetuar en sacra letra la jerarquía de un modo de ver el mundo.

Creo que en la Reforma de la Carta nos va mucho más.  Cuba vive días históricos, hagamos de ellos la simiente de un lugar mejor para vivir. La gente no cree en las cosas por que le escriban y le digan sobre ese u otro caso, la gente cree y crea para preñarse y parir sus sueños cuando estos, que son por los que lucharon nuestros padres y nuestros abuelos, se hacen realidad. Eso es lo que le debemos a Fidel, a su concepto magistral de Revolución y a las generaciones que asumirán la escritura del mañana que delineamos hoy en #HacemosCuba.

 

Pedro de Jesús: Apostilla a uno de los redactores del Proyecto de Constitución

Foto: Kako Escalona / ShutterStock

Foto: Kako Escalona / ShutterStock

Tomado del Blog La Cosa

Por Pedro de Jesús

Comparto esta breve apostilla a la intervención que hiciera el miércoles 26 de septiembre el historiador Elier Ramírez —miembro de la comisión redactora del Proyecto de Constitución— en el programa televisivo Hacemos Cuba, retrasmitido el jueves 27 en el espacio Buenos Días.

Primero, transcribo algunos momentos del diálogo entre Elier Ramírez y su entrevistador.

 Elier Ramírez. […] No se debe confundir […] el funcionamiento del Partido con el funcionamiento del Estado […] El Partido —como está establecido, y como está escrito en la letra de la Constitución— organiza y orienta, es decir, moviliza […] conduce, controla, fiscaliza, es decir, establece las directrices, pero no puede suplantar el papel del Estado, del Gobierno, en sus funciones cotidianas, ejecutivas, administrativas. Es decir, es como está, incluso, escrito también, y aprobado en los Objetivos de la Conferencia del Partido […] El objetivo número 5 aprobado por esa Conferencia del Partido dice: «eliminar en los métodos y estilos de trabajo del Partido la interferencia y suplantación de funciones y decisiones que corresponden al Gobierno y a las instituciones administrativas. Para ello ejercerá su responsabilidad de dirección y control mediante la comprobación de la implementación adecuada y el cumplimiento de los acuerdos del Sexto Congreso y de los Organismos Superiores». Es decir, ahí está claro que ese es uno de los objetivos fundamentales de que, en los métodos, en los estilos, esto no suceda […]

Entrevistador. […] Alguna desviación puede estar más bien no en los reglamentos o en lo que se ha pensado, se ha establecido desde la Constitución vigente o desde el funcionamiento del Partido, sino más bien en un estilo de trabajo de suplantación por parte del Partido de una función estatal o de Gobierno, estilo que debe ser, de acuerdo a lo que me explicas, desterrado…

Elier Ramírez. Es como está establecido en los Objetivos de la Conferencia y, bueno, también es un tema que se ha discutido, que se ha planteado, que no es nuevo, ¿no?, es un tema que de años atrás se viene también discutiendo […]

El tema no es nuevo, como bien responde el historiador.

Pero se «viene discutiendo» no desde el VI Congreso (2011) o la I Conferencia Nacional del Partido (2012). Esos «años atrás» de que habla Elier Ramírez se remontan, por lo menos, a 1970, cuando hacía apenas un lustro que se había fundado el PCC. Ese año nací yo, ¡y ya cumplo 48 —casi medio siglo— el mes próximo! Así declaraba Fidel en el acto central por los festejos del 26 de Julio:

[…] en la fábrica nosotros no podemos hacer al secretario del Partido el administrador de la fábrica —hay algunas ideas en las que hay que estar muy claros—, ni podemos hacer al administrador secretario del Partido […] La materia prima del Partido es el trabajador, y la materia prima de la administración es la materia prima real: puede ser el hierro, puede ser cualquier materia prima.  […] No se pueden confundir esas tareas, ni se le puede dar a nivel de fábrica la responsabilidad al Partido. La responsabilidad del Partido no puede ser directa allí, sino indirecta. Es el Partido quien debe señalar inmediatamente al órgano administrativo superior, es quien debe señalar cualquier deficiencia, cualquier falla de tipo administrativo; pero no decirle a él, al administrador, lo que tiene que hacer. Hay que establecer bien claro las funciones del responsable del núcleo del Partido y las funciones del administrador o, mejor dicho, de la administración.

Pasados 16 años, el 2 de diciembre de 1986, en la clausura del Tercer Congreso del Partido, vuelve Fidel a referirse al tema:

Se ve claro […] que la solución de los problemas de la eficiencia, del desarrollo y de la construcción del socialismo, es cuestión del Partido, ¡está clarísimo! Y —como decía ayer— no administrando, no intentando administrar, sencillamente formando a los hombres, orientándolos, dirigiéndolos; saliéndoles al paso a todas las tendencias negativas, de cualquier tipo, a los errores; siendo ejemplo, ese fue un problema del que se habló bastante, de la ejemplaridad que debe tener el militante comunista.

Si en el VI Congreso y en la I Conferencia Nacional del Partido —ya en pleno siglo XXI— Raúl debe insistir en un problema tan inveterado en la organización que lidera, ¿qué garantías tenemos los cubanos de que ese método o estilo de trabajo —contrario a los principios de funcionamiento del Partido, según reza en sus documentos programáticos— será, algún día, «desterrado»?

En consecuencia, pienso igual que los internautas cuyos comentarios y preguntas fueron leídos: la Constitución debe explicitar cómo discurrirá la relación entre el Partido y los órganos del Estado y el Gobierno (facultades, atribuciones, deberes, derechos…). Justamente porque el Partido es «la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado», debe tener refrendado en el texto constitucional el alcance y forma en que ejercerá ese poder. De lo contrario, su estatus sería supraconstitucional, es decir, se colocaría por encima de la Ley de leyes. Ya sé que Elier Ramírez tampoco estará de acuerdo conmigo. Porque lo dijo:

Entrevistador. […] Propongo —dice Fernando— modificar el artículo 9, de manera que su redacción establezca que también el Partido está sujeto a las mismas obligaciones establecidas ahí, en el artículo 9, para los órganos del Estado con respecto al pueblo […]

 Elier Ramírez. Eh… bueno…, como planteábamos anteriormente, eh… eso está… eh… bien explícito, ¿no?, consideramos, en el artículo que habla de la supremacía de la Constitución [artículo 7], y de que todos deben…, eh…, es decir, están obligados, todos están obligados a cumplir la Constitución, la Constitución. Ya entrar a definir cuestiones internas del Partido [en el artículo 9] corresponde a los reglamentos, a los estatutos, a cuestiones que ya son propias, internas del Partido. Porque como decíamos, hay que diferenciar al Partido del Estado, y no se puede introducir principios de funcionamiento… eh… de… del Partido, es decir, no se pueden mezclar esos principios, ¿no?, tanto del Estado como del Partido, ¿no?

¡Habráse visto embrollo! Esto es lo que dice el artículo 7: «La Constitución es la norma suprema del Estado. Todos están obligados a cumplirla. Las disposiciones y actos de los órganos del Estado, sus directivos, funcionarios y empleados, se ajustan a lo que esta prescribe». Si no hace falta mencionar al Partido en la redacción de ese artículo, porque se sobrentiende incluido en la expresión «todos están obligados a cumplir la Constitución», ¿por qué entonces mencionar a los órganos del Estado? Si ese todos es tan «explícito» —como afirma el historiador— e inclusivo —infiero yo—, mejor sería eliminar la última parte del artículo: ni órganos del Estado ni Partido: simplemente todos, y sanseacabó.

Y en cuanto a que tampoco en el artículo 9 del Proyecto de Constitución se debe incluir al Partido, porque sería «entrar a definir cuestiones internas del Partido», y que eso «corresponde a los reglamentos, a los estatutos» de la organización, quedo de una pieza. ¿Le parece a Elier Ramírez que, si el Partido es «la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado», sus funciones, deberes, atribuciones para con el pueblo son una mera cuestión interna de la militancia partidista?  La vida interna de la organización no es lo que se está discutiendo; es el ejercicio del poder del Partido sobre la sociedad y el Estado. No creo que esa deba ser materia regulable por estatutos y reglamentos de la organización, sino, en última —y primera— instancia, por la Constitución. Sobre todo, porque el mencionado artículo 9 no solo se refiere a la obligación de los órganos estatales y sus directivos, funcionarios y empleados a «mantener estrechos vínculos» con el pueblo, sino también a la de «someterse a su control». Excluyendo al Partido de este artículo, se le exonera de tal obligación, carencia que no queda zanjada con que antes, en el artículo 5, se haya declarado su «carácter democrático» y su «permanente vinculación con el pueblo», porque tanto lo primero como lo segundo aparecen expresados allí en calidad de atributos o propiedades consustanciales del Partido, no como obligaciones. Es decir, se dan por seguros e incuestionables. Y no debería.

Tengo ante mí el libro Raúl Castro. Un hombre en revolución (Ed. Capitán San Luis, La Habana, 2015), donde Nikolai S. Leonov, su autor, reseñando las reuniones que sostuvo Raúl en 1994 con los cuadros partidistas y estatales de las principales regiones geográficas de Cuba, escribe:

[Raúl] Planteó con franqueza que en los comités provinciales del Partido no existía una democracia genuina, la opinión del primer secretario aplastaba la de los demás y estaban ausentes tanto la crítica como la autocrítica […] Raúl Castro exigió que los dirigentes, tanto del gobierno como del Partido, estrecharan sus vínculos con la población, y priorizaran la solución de las necesidades vitales de las personas humildes. Mencionó algunos casos que evidenciaban una insensibilidad indignante […] (: 258, 261)

Dieciocho años después, en la ya mencionada I Conferencia Nacional del Partido (2012) —y sigo citando a Leonov—:

[…] el primer secretario subrayó que […] corresponde ampliar la democracia en la sociedad y en el seno de la organización […] No faltaron las críticas a la actitud pasiva de militantes que se hacen de la vista gorda ante violaciones de la ley […] Se abordó las deficiencias en la política de cuadros, a resultas de las cuales se ha promovido a altos cargos a personas […] que no responden a las elevadas cualidades éticas que se requiere […] Se acordó […] acercar la labor del Partido a la gente, a sus problemas y preocupaciones […] (: 336, 338-339)

Que se haya acordado «acercar la labor del Partido a la gente, a sus problemas y preocupaciones» implica, lógicamente, que esta, en 2012, se hallaba lejos de la gente o, al menos, no todo lo cerca que debiera. ¿Se ha acercado desde esa fecha hasta hoy? ¿Cuánto? ¿Cómo el pueblo cubano puede tener seguridad de la futura distancia o cercanía que haya entre él y los dirigentes del Partido si el Proyecto de Constitución lo priva de la facultad de exigirla, medirla, corregirla…?

En fin, no digo más… O sí. Debo decir que, viendo «respuestas» como las de Elier Ramírez a las opiniones y propuestas de modificación, comienzo a dudar de que, al término de la consulta, el pueblo revolucionario cubano pueda, como dijera Fidel, «cambiar lo que debe ser cambiado» en el Proyecto de Constitución. Ojalá que esté yo equivocado.

(Nota del autor: Todo cuanto comento se basa en una transcripción fidedigna que hice de sus palabras y de la cual inserto en mi texto los fragmentos imprescindibles para la comprensión del lector.)

 

Pedro de Jesús López Acosta. Narrador, poeta y ensayista. Máster en Estudios Lingüísticos-Editoriales Hispánicos por la Universidad Central de Las Villas. Licenciado en Letras por la Universidad de La Habana. Miembro de la UNEAC y del Consejo Editorial de Ediciones Luminaria. Asesor literario de la Casa de Cultura «Olga Alonso» de Fomento. Entre sus premios y sus libros se encuentran: Premio Academia Cubana de la Lengua 2015, por la obra Imagen y libertad vigiladas. Ejercicios de retórica sobre Severo Sarduy, Premio Alejo Carpentier de Ensayo, 2014, Premio de cuento La Gaceta de Cuba, 2013, Primera mención en el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, 2012, Reconocimiento La Puerta de Papel a los mejores libros de Ediciones Territoriales, ICL, 2009, Premio Raúl Ferrer de poesía, 2008, Premio Alejo Carpentier de cuento, 2006.

Menores en las noches de Fomento Cuba

La responsabilidad del Estado y la familia con los niños y adolescentes en la Cuba de hoy es un asunto que amerita profundos replanteos

(Por: Pedro de Jesús López Acosta*)

En 1985, cuando tenía yo 15 años, ni mis padres ni los de mis coetáneos hubieran permitido que anduviésemos solos y en la noche por el pueblo. Tres decenios después es muy común ver, incluso en la madrugada, a menores de edad por calles y espacios públicos. Aunque sucede en toda Cuba y ha recibido críticas negativas de la prensa nacional en varias ocasiones, la situación persiste.

Que a raíz del Período Especial la vida económica del país se hiciera más difícil y algunas costumbres y preceptos morales demasiado rígidos se flexibilizaran a tenor de esa circunstancia no significa que el Estado y la familia hayan dejado de tener obligaciones ineludibles con el adecuado desarrollo de ciudadanos tan vulnerables como niños y adolescentes.

De hecho, el Código de la Familia y el Código de la Niñez y la Juventud refrendan esas responsabilidades, y ambos documentos, en su carácter de leyes, mantienen pleno vigor.

Explicita el Código de la Familia en su artículo 85 que los padres de los menores de edad tienen el deber no solo de facilitarles techo, vestimenta y comida, sino también de “proporcionarles los medios recreativos propios para su edad que estén dentro de sus posibilidades; darles la debida protección; velar por su buena conducta y cooperar con las autoridades correspondientes para superar cualquier situación medioambiental que influya o pueda influir desfavorablemente en su formación y desarrollo”.

¿Resulta propio para la edad que, sin compañía de un familiar responsable, niños y adolescentes menores* deambulen a altas horas de la noche por calles y parques (lugares oscuros muchas veces) o bailen, con conocidos y desconocidos (no importa siquiera si son adultos), en las penumbras de una discoteca? Cuando los padres admiten y alientan esas salidas nocturnas altamente peligrosas, ¿ofrecen a los hijos la debida protección?

Y esto sin contar que algunos menores, sacando partido de la noche y de la ausencia de sus progenitores, fuman e ingieren bebidas alcohólicas, maltratan la propiedad social, vociferan palabrotas, riñen o tienen relaciones sexuales en sitios apartados e inseguros. Si la familia deja solos y en tales circunstancias a sus retoños, ¿puede velar por su buena conducta?, ¿acaso no es ella misma, con su actitud acomodaticia y negligente, la que propicia hechos como los referidos, que influyen desfavorablemente en la formación y desarrollo de los hijos?

En efecto, la familia es la máxima responsable. Pero compete a las instituciones estatales encargadas del orden público y la administración de la justicia asegurarse de que la ley no sea letra muerta.

El Código Penal, en su artículo 315.1, prevé sanciones de privación de libertad, multas o ambas a quien “no atienda o descuide la educación, manutención o asistencia de una persona menor de edad que tenga bajo su potestad o guarda y cuidado”. Sin embargo, en el Acuerdo 92 del 21 de abril de 1981, el Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular puntualiza que solo “las manifestaciones más graves del incumplimiento de esos deberes pudieran integrar delito”, es decir, “cuando constituyan un abandono real y constante, con relevante trascendencia en las condiciones de desamparo moral y material de los hijos menores”.

Por lo tanto, consentir que los menores hagan vida pública nocturna sin compañía familiar adulta no resulta, en sí mismo, un acto punible. Sin embargo, los riesgos y peligros potencialmente derivados del hecho se mantienen: las autoridades gubernamentales, las organizaciones políticas y de masas, y sobre todo —insisto— la familia, la Policía Nacional Revolucionaria y la Fiscalía, no pueden, simplemente, volver la cara.

Es cierto que a niños y adolescentes les asiste el derecho a recrearse; y, según el Código de la Niñez y la Juventud, “los organismos del Estado garantizan la utilización permanente de las instalaciones apropiadas para realizar actividades culturales, deportivas y recreativas”.

En ese documento legal (que data de 1978) se hace un deslinde entre las funciones, en relación con la niñez y la juventud, de los organismos estatales de la cultura (artículos 83-86) y las de los organismos estatales responsabilizados con los deportes, la educación física y la recreación (artículos 93-100). A los primeros se les encarga, básicamente, la asesoría técnica, ideológica y promocional de los jóvenes escritores y artistas y del movimiento de aficionados. A los segundos se les da, entre otras, la misión de prestar especial atención al desarrollo de las actividades recreativas de niños y jóvenes y de apoyar las iniciativas que en este sentido llevan a cabo las organizaciones políticas, sociales y de masas.

Aparte del Inder —implícito en la formulación verbal de la ley—, se mencionan como instituciones que deben garantizar la recreación de niños y adolescentes los campamentos de pioneros, los clubes juveniles, las instalaciones del turismo y los llamados planes vacacionales. Asimismo, el artículo 116 deja establecido que: “El Estado asigna un presupuesto anual a las organizaciones juveniles y pioneril para sufragar los gastos originados por sus actividades políticas, culturales, deportivas, recreativas, investigativas y de otra índole”.

Campamentos de pioneros, clubes juveniles, instalaciones de turismo, planes vacacionales, actividades recreativas originadas por las organizaciones juveniles y pioneril… La mayoría de esas opciones, por razones no solo económicas, desaparecieron o tienen alcance muy restringido en la Cuba actual. De manera que, una y otra vez, se escucha en intervenciones públicas de funcionarios gubernamentales que las instituciones culturales de los territorios —las casas de cultura, sobre todo— deben apoyar o asumir la satisfacción de las necesidades recreativas de la población, apelando al talento artístico de la localidad, tanto aficionado como profesional.

En primer lugar, se tergiversa la misión con que fueron creadas las casas de cultura cuando se las pretende convertir en sostén de las actividades meramente recreativas de una localidad, para paliar o suplir la ineficacia o la ausencia de las instituciones que históricamente se diseñaron con tal fin.

En segundo lugar, esa pretensión constituye una gran falacia: se sabe que, al menos en buena parte del país, la fuerza técnica y la logística imprescindible para trabajar en las casas de cultura están deprimidas hace años, al igual que el movimiento de artistas aficionados. (Hablo de la regla, y presupongo las excepciones, las cuales desconozco.)

Por otra parte, ¿cuántos municipios, por ejemplo de la provincia de Sancti Spíritus, cuentan con un caudal de artistas profesionales numeroso, variado y de auténtica calidad —en lo fundamental de artes espectaculares como la danza, la música y el teatro— que posibilite, con la sistematicidad requerida, idear y ejecutar propuestas recreativas cultas y, a la vez, de impacto masivo? ¿Hay dinero suficiente en las arcas estatales para la remuneración de los artistas y el sustento regular de tales propuestas?

Aunque este asunto pareciera leña para otra hoguera, es parte del mismo fuego o, mejor dicho, de la misma candela. Porque, con tamañas carencias y limitaciones, ¿cómo encarar en los municipios la recreación para niños y adolescentes desde las instituciones culturales?

Una idea tentadora, sobre todo para los propios niños y adolescentes, sería abrirles discotecas exclusivas, a la usanza de las que funcionan para jóvenes y adultos. Es tan brillante la idea sobre el papel que apenas resisto el impulso de añadir detalles: serían centros pertenecientes a la Empresa de Comercio y Gastronomía que cerrarían siempre antes de las doce de la noche y en los cuales se velaría por la iluminación adecuada y la selección atinada de la música, se prohibirían las bebidas alcohólicas, los cigarros y la entrada de personas mayores de 16 años… Incluso instructores de arte, educadores y promotores de salud, así como promotores culturales del municipio, podrían sumarse al empeño y, entre reguetón y música house, realizarían acciones de apreciación artística o sobre el uso correcto del condón o relativas a la prevención del VIH y otras infecciones de transmisión sexual.

Muy bien. Perfecto. Magnífico… Pero, a riesgo de parecer conservador, pregunto: ¿y los padres van a estar esperándolos afuera? Si hasta ahora los han dejado salir y regresar solos en medio de la noche o la madrugada, ¿se obrará un milagro?, ¿se habrá resuelto el problema? ¿Acaso muchos de los menores no saldrán de esa discoteca para colarse en la otra, la de los mayores?

Volvemos al comienzo. Y, como al comienzo, sostengo que es obligación de la familia proteger la integridad física, moral y espiritual de niños y adolescentes. Y es deber de la PNR y la Fiscalía hacer que esas responsabilidades se cumplan. Porque puede no haber transporte, el salario puede no alcanzar para los gastos mínimos de una casa… pero, ¿vamos a dejar que nuestros niños y adolescentes, los constructores, los maestros, los policías de mañana se pierdan?

Es este un asunto de enorme trascendencia cívica que no deberíamos soslayar ni enfrentar con ligereza.

 *Se especifica adolescentes menores, porque, según la Unicef, los adolescentes están comprendidos entre los 14 y los 18 años, y en Cuba la mayoría de edad se alcanza a los 16.

 *Narrador, poeta y ensayista de Fomento Cuba. Premio Alejo Carpentier 2006 y 2014

En las buenas y en las malas, las palabras


PEDRO DE JESÚS, escritor fomentense, Premio Carpentier
Las palabras relacionadas con el sexo y algunas funciones fisiológicas excrementicias han sido, y son, objeto de interdicción en las lenguas. Para sortear el tabú los hablantes acuden a circunloquios y eufemismos, es decir, expresiones de más prestigio o decoro. Mis abuelos, por ejemplo, decían las partes, hacer una necesidad o dar del cuerpo. Leer más de esta entrada

Publican poemas de escritor fomentense en Revista Kenyon Review

El autor Liuvan Herrera Carpio, residente hoy en Ecuador, y su obra publicada en la Revista Kenyon Review.

por Liuvan Herrera Carpio

Translated from Spanish by Katherine M. Hedeen and Víctor Rodríguez Núñez

Codorniz

Un aguacero de codornices decapitadas lapida el hambre a los que cruzan el desierto. Una lluvia de pájaros sin cabeza es una lluvia sin cabeza. ¿Qué bosque quedó sin trino, qué bosque sin primavera?
Mientras el peregrino despluma las gotas, la arena se contenta como un perro al recibir los pétalos del ave que lentamente se deshojan.
El peregrino es el marinero del desierto. Tras la tormenta de codornices naufragó: no ha podido soportar tanta arena en pleno vuelo.

Tigre

para Virgilio, antes de ser devorado

La piel del tigre es una trampa. Cuando mi hijo abre los ojos, como un grito frente al animal, no se da cuenta que tras un doble enrejado la piel del tigre está sin pintar. Los tigres desayunan carne de poeta: el domador castiga a las legumbres ofreciéndolas como armadura para este exquisito brazo de Blake que ahora mismo vemos engullir.
La digestión del tigre es paciente como los ojos de mi hijo, como los huérfanos ojos de mi hijo.

Mortaja de sábado

Al tender las sábanas
como cuerpos recién ahogados,
una camisa contigua
encoge los hombros.
La ungida, sin nombre digno que recordar;
ofrece al sol el cadáver del tálamo
donde su hijo, cada noche,
se deja extraer por Dios
una costilla irrecuperable.
Dios exprime
la muerte en la sábana,
pero el cansancio de mi madre
le impide atisbar el milagro.
No la culpes, hombre de la cruz,
cuando reta al sol con humedad formidable.
Tú pendiste las horas como un ahorcado
y Dios exprimió tu sangre
desde su altura.
Tiende la sábana como gesto de rendición.
¿Ante quién flaquea mi madre cada semana?
¿Qué enemigo le obliga a retirarse
sin victorias que alimentar?
Dispongo a cerrar los ojos:
ya siento en mi vientre el cisma de Dios.
El almidón, justo padre,
maquilla silencioso una mortaja.

Hierros de carnaval

Fraguados en herrerías clandestinas
viajan sobre trailers ominosos
por la cicatriz nacional,
artefactos para la diversión,
que en carnavales de barrio
se erigen en solo una hora.
Piezas de antiguos centrales
adobadas por años en el alcohol
de almíbar,
ahora toman sitio
en sillas voladoras y en
botes suspendidos en el arco
de su viaje.
Quien no asistió al esplendor
de los parques eléctricos,
podrá encontrar aquí
una desleal imitación.
Di adiós a tu hijo mientras
resiste su vértigo
en las pequeñas jaulas
de “El Exterminador”.
Subamos a “El Dragón”
cuando su mal trazado ojo
ve derramar la cerveza sin nombre,
detenida en odres de extraño níquel
y disputada por caballeros de sed medieval.
Sobre las esteras de montaña rusa
oyendo crujir los frenos de la noria,
te dije: qué triste el país.
—Diviértete, fue la respuesta
mientras me alcanzabas un
algodón de azúcar,
traída del gran Brasil
en oscuras bodegas
de lujosos trasatlánticos.

Quail

A downpour of decapitated quail stone the hunger of those crossing the desert. A rain of headless birds is a headless rain. What forest was left with no song, what forest with no spring?
While the pilgrim defeathers the drops, the sand is as happy as a dog taking in the bird petals slowly plucked.
The pilgrim is the desert sailor. After the quail storm he shipwrecked: he hasn’t been able to stand so much sand midflight.

Tiger

for Virgilio, before being devoured

The tiger skin is a trap. When my son opens his eyes, like a shriek before the animal, he doesn’t realize that behind the double trellis the tiger skin isn’t painted. Tigers eat poet flesh for breakfast: the tamer punishes the legumes offering them up like a garnish for this exquisite Blake arm we now see being wolfed down.
The tiger’s digestion is patient like my son’s eyes, like my son’s orphan eyes.

Saturday Shroud

When hanging out the sheets
like newly drowned bodies
an adjacent shirt
shrugs its shoulders.
The anointed one, no name worth remembering,
offers up to the sun a cadaver from the marriage bed
where her son, each night,
lets God extract
an irretrievable rib.
God wrings out
death over the sheet,
but my mother’s tiredness
won’t let her make out the miracle.
Don’t blame her, man of the cross,
when she challenges the sun with a formidable dampness.
You strung the hours up like a hanged man
and God wrung out your blood
from his height.
She hangs the sheet out as a gesture of surrendering.
Who does my mother lose heart to each week?
What enemy forces her to retreat
no victories to nourish?
I’m ready to close my eyes:
now I feel the schism of God in my belly.
The starch, just father,
silently covers up a shroud.

Carnival Irons

Forged in clandestine smithies
they travel on ominous trailers
through the national scar,
artifacts for amusement,
in neighborhood carnivals
assembled in just an hour.
Pieces of old sugar mills
marinated for years in syrup
alcohol,
now they take their seats
in flying chairs and on
boats suspended in the arc
of their journey.
Those who never witnessed the splendor
of electric parks
will find here
an unfaithful imitation.
Say good-bye to your child while
he fights back his vertigo
in the small cages
of “The Exterminator.”
Let’s ride “The Dragon”
when its badly drawn eye
sees nameless beer spilled,
lingering in wineskins made of a strange nickel
and argued over by knights with a medieval thirst.
Standing on the roller coaster’s carpet
hearing the brakes of the Ferris wheel grind
I told you: this country is so sad.
“Have fun,” was the answer
while you got me some
cotton candy
brought from grand Brazil
in the dark holds
of luxury ocean liners.
 

Este fin de semana fiestas populares en El Pedrero

Se rompe la rutina en la comunidad serrana de El Pedrero…

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Viernes día 16
A las 2pm en la plataforma central en Pedrero música grabada y presentación del talento de la comunidad hasta la medianoche.
Sábado día 17
A las 10am en la Plataforma Central se efectuará la “Peña infantil”.
A las 6pm presentación de la Orquesta Sensación Latina.
Domingo día 18 .
A las 10am en la plataforma central se efectuará “Peña campesina”.
A las 6pm presentación del grupo aficionado “Los norteños”.
En la Plaza 26 de Julio se efectuará la Feria Agropecuaria con la presencia de música grabada hasta el cierre de las fiestas.
(programación divulgada por la dirección de Cultura y Arte de Fomento)