Dejémosle ser maestros, teachers


por Dayenis López
El maestro deviene paradigma ético-moral y espejo en que se miran constantemente sus alumnos. Como bien sentenciara Luz y Caballero, “instruir puede cualquiera; educar solo quien sea un evangelio vivo”.
Por lo tanto, el educador debe ser ejemplo, desde todo punto de vista, mientras que su actuación, no solo en el aula, sino también fuera de ella, es un fiel reflejo de lo que explica en clase.
Hoy es el Día Mundial del Docente. La UNESCO dedica este día a promover la autonomía de los docentes, fortalecer y crear nuevos maestros de todas las enseñanzas. Pero, ¿qué tipo de maestros requieren nuestras aulas? ¿Cómo incentivar el amor por la docencia?
La docencia, como profesión y como pasión, es una disciplina a la que se la debe abordar con respeto y dedicación, demandando un gran compromiso por parte del maestro. Este compromiso será el contrato tácito establecido por el docente hacia su rol de comunicador, transmisor y precursor de la curiosidad del estudiante.
Desafortunadamente, esto que debería resultar como denominador común para todos aquellos que persiguen la vocación, parecería escasear en algunos, generándose como resultante personas que atentan contra la profesión. Mal llamados docentes, quienes extasiados por el aparente rol de autoridad que les confiere dicha relación de profesor – alumno, se empapan de esa jerarquización en lugar de involucrarse en el universo del estudiante y en la real dedicación que conlleva. Estos son casos que ya no se manifiestan de manera aislada, cada vez se presentan de forma más recurrente, y su evidencia radica en los mismos estudiantes y en su desarrollo de aprendizaje.
En contraposición a estos desalentadores de la profesión, aparecen aquellos a quienes sí les es legítima, y por sobre todo quienes desde sus nuevos aires renovadores hacen su aporte. Realmente hace que se transforme en una necesidad poder gestar a un nuevo grupo de docentes dentro de un circuito de profesionales ya instalados en la institución educativa. Generalmente se trata de personas de joven edad, con nuevas ideas, y entusiastas de aprender el ejercicio de la docencia.
Transitando el período de formación pedagógica, y culminando ya con la última instancia de éste, es claro notar cómo el número de estudiantes ansiosos por el ejercicio de la docencia ha disminuido. Cuba afronta un déficit creciente de profesionales del sector educacional entre otros motivos, por la falta de reconocimiento al maestro, las dificultades salariales y materiales y el despojo de su propia vocación por un cúmulo de reglas, normativas y burocracias que rigen hoy el trabajo del profesor.
Encontrar el goce en saberse como educador no sólo significa que un alumno termine con el curso de determinada materia, se trata de una dimensión aún mayor a esto, es lograr la autosuperación del sujeto, como estudiante, como individuo social, como agente de un grupo, y por sobre todo como sujeto curioso, con sed de aprendizaje, consiguiéndolo a partir de la superación de esas barreras individuales que lo limitan.

Pensando en mi gente a las seis de la mañana

Radio Rebelde reprodujo esta madrugada opiniones de los habaneros sobre el Proyecto de Constitución y alguien reafirmó: Que la gente diga lo que piensa. Y con la taza de café que despierta el día empecé a escribir otra opinión, la mía, que la palabra empeñada no quede en letra muerta. Que el tiempo finito se multiplique en obras infinitas y cambios en el horizonte. De lo contrario, pienso y tengo dudas que los guajiros de mi pueblo podamos creer que un municipio como Fomento sea un día un tín autónomo, mientras sigue perdiendo producciones y servicios mientras a otros en el país se les incrementan los panes y los peces, para no escribir otras sensibilidades locales que taladran a mis amigos y conocidos. Regreso a una idea de Martí que venero: hacer es la manera de decir.

No podemos interpretar las opiniones de los constituyentes como las miradas de los otros, sino ponernos en el rol de los otros, en su historia que no difiere tanto a la nuestra, para entender sus miradas. Eso debe primar en la llamada #ReformaConstitucional, la visión cualitativa de la nación inmersa en transformaciones profundas, paradigmáticas y únicas en el mundo, y no la cuantificación subjetiva de un objeto en análisis bajo el prisma militante.

Tengo la convicción que seremos lo suficientemente sabios para pensar como lo hubieran querido los grandes hombres y mujeres de la historia patria. Lo que se debate y está en juego no es la aprobación de un artículo, ni la definición solamente de una palabra, ni el posicionamiento de un sistema. Está emplazado mucho más. Quienes trazan la ley de leyes están obligados a dejar atrás todo posible acuse de mirada economicista u ortodoxa de una Carta que nunca en la historia de la República se había estudiado y conocido tan al detalle por sus habitantes. Están equivocados quienes piensan que en ello solo nos va la paz y seguridad con que vivimos gracias a la obra que nació con la Revolución, o que se puede perpetuar en sacra letra la jerarquía de un modo de ver el mundo.

Creo que en la Reforma de la Carta nos va mucho más.  Cuba vive días históricos, hagamos de ellos la simiente de un lugar mejor para vivir. La gente no cree en las cosas por que le escriban y le digan sobre ese u otro caso, la gente cree y crea para preñarse y parir sus sueños cuando estos, que son por los que lucharon nuestros padres y nuestros abuelos, se hacen realidad. Eso es lo que le debemos a Fidel, a su concepto magistral de Revolución y a las generaciones que asumirán la escritura del mañana que delineamos hoy en #HacemosCuba.

 

Consumo privado

– ¿Y tú? ¿Qué tomas para olvidar?
– Distancia.
-¿Y de entremés?
-Silencio.

-¿Y lo sabes digerir bien? ¿No necesitas digestivo o alguna ensalada?

-A veces los silencios se sirven al strike y otras con aderezos. Dice un amigo que muchos sucesos tienen una cobertura casi nula porque el silencio le pone un sello a la distancia. Le disipa los efectos, es como tomar un coctel sin alcohol.

-No creo lo mismo. El que quiere cambiar debe tomar al menos un poco de riesgos, para enunciar sus razones, si acaso las últimas. Callar esas razones es también un silencio.

-Peor es lo que criticas. ¿No te parece? Debes aceptar la distancia de quienes no quieren hablar.

-Debe ser porque la complicidad de un brindis se logra con dosis de silencios. Por favor, espera a encontrar los pretextos y justifica después el servido. No todo el mundo tiene derecho a los entremeses.

El silencio puede ser mortal o el sonido de la misma silla

-Dicen que el silencio puede ser mortal.
-¿Cuál de ellos? ¿El de los que callan o el de los que hablan? No entiendo.
-Es sencillo, escucha la lluvia de hoy, ¿crees que se parece a la de ayer? ¿Que corre en el mismo sentido de los albañales, que las plantas la absorben por las venas de la misma manera, que los ríos tienen el mismo sonido en el correcorre de sus piedras ya menos sedientas?
-Nunca he pensado en eso.
-No pienses, vive las horas del silencio de manera diferente. Así como hace 20 años se dijo que no había cría mular para acopiar el café en Fomento, que los viales hay que arreglarlos a prisa antes de la zafra, que las actividades deportivas se inundan siempre en la misma escuela, tu mirada ahora debe ser desde otro prisma.
-Dices eso porque llevo mucho tiempo en el mismo lugar, puede ser que hasta con la misma angustia popular. Quizás, puede ser el tiempo que no cambio de silla en la misma reunión o el parecido de una opinión hoy a la que escuché hace veinte años. Quiero creer que la angustia, como me cantaron los trovadores en mis 20, es el precio de ser uno mismo. No se renuncia por que el río esté más silencioso por la pestilencia que carga sino por la inercia de los que la ven y no hacen nada.
-Mira el Saltadero de Agabama. ¿Crees que morirá? ¿Qué esa enfermedad no es crónica hasta ser letal?
-…Si es como el silencio de quienes siempre repiten lo mismo de reunión en reunión.
-Seguro que necesitan oírse. No es fácil tolerar los diversos sonidos del silencio sin probar bocado alguno.
-Tampoco lo mires de ese modo. Si el Saltadero muere o ha muerto hace tiempo en las puertas de un Balneario que ya no es, si los 500 niños de una escuela no hacen deporte por la inundación de las canchas no es por que falte cultura del silencio sino porque los sordos se siembran y no se cultivan, más bien se clonan como aliens. Hay sordos como los lóbulos del oído, internos y externos. Unos necesitan un exudado, otros urgen de un cloquear.
-Sigo pensando que debes cambiar de silla cuando vayas a cada sesión.
-Probaré pero el silencio no es mortal sino grito de una buena vez. La extensión de las reuniones no acumula el orden de las cosas sino las ensordece después de pasada la campana del reloj al mediodía. He visto hoy algunos mudos hablar y ciertos parlanchines del pretexto callar. Algo está cambiando. Falta mucho más.
-¿Ves? Has aprendido a desandar los laberintos de la tristeza y la redundancia del silencio. Las reuniones no se miden por horas sino por los golpes de agua de lluvia moviendo las piedras del río. Unas veces son extensas y vale a veces la candidez de las gotas de lluvia al horadar. De vez en vez se apura el hoyo en abrirse al paso del torrente. No dejes espacio a la tristeza o a la muerte del sonido, solo cambia el sentido de tu grito. Verás el cambio del cauce entre diluvio y diluvio. Y cómo la piedra que nunca se mueve finalmente se rinde y pasa o deja lugar a las demás.
-Gracias, por ahora tendré cuidado con el miedo que es lo peor, es capaz de tapar la solución de muchos problemas y dejar a cualquier cobarde a los cambios medio lerdo o sordo.

El laberinto del tiempo o desaprendiendo las reuniones

Calle Aguilera, Fomento, Cuba.

-La tristeza es un laberinto.
-¿Como las reuniones?
-No sé. Si las reuniones son así habrá que dibujar como en clases. Hoy enfrento a la tristeza. Tengo un presentimiento de otras vidas, una zozobra sin razones. Me siento ida. Pienso en las luchas de mis bisabuelos migrantes. Si menguara la tristeza, digo la extensión de las reuniones.
-Suerte con esa sensación y tus garabatos.
-¿Para enfrentar la tristeza o las reuniones? Pues te cuento que esta tarde solo dejó un hálito de esperanza. El diluvio se llevó las ruinas de la burocracia, el no, el no hay, esa pesadilla de que un día dejaremos de ser municipio. Está por verse lo que podremos ser. Por si acaso sigo dibujando sueños. Me siento apoderada de las luchas de otros.
-Espero que se hagan realidad. Defiende al menos tu sonrisa.
-Procura que aprueben la autonomía municipal antes de que perdamos más, me dijo un amigo. Ahora, después de dibujar tanto en una tarde de diluvio más que reuniones le puedo responder: La esperanza, sabia utopía, nos invita todavía a creer en los trazos de un mundo nuevo.
-Que el diluvio te ayude a la disminución de los pero, a los aumentos de que se puede más. Mientras, trata de no perderte en el laberinto de la tristeza, digo de las reuniones extensas. Y sonríe, sigue sonriente, el pueblo cree en tu fuerza.