Pensando en mi gente a las seis de la mañana

Radio Rebelde reprodujo esta madrugada opiniones de los habaneros sobre el Proyecto de Constitución y alguien reafirmó: Que la gente diga lo que piensa. Y con la taza de café que despierta el día empecé a escribir otra opinión, la mía, que la palabra empeñada no quede en letra muerta. Que el tiempo finito se multiplique en obras infinitas y cambios en el horizonte. De lo contrario, pienso y tengo dudas que los guajiros de mi pueblo podamos creer que un municipio como Fomento sea un día un tín autónomo, mientras sigue perdiendo producciones y servicios mientras a otros en el país se les incrementan los panes y los peces, para no escribir otras sensibilidades locales que taladran a mis amigos y conocidos. Regreso a una idea de Martí que venero: hacer es la manera de decir.

No podemos interpretar las opiniones de los constituyentes como las miradas de los otros, sino ponernos en el rol de los otros, en su historia que no difiere tanto a la nuestra, para entender sus miradas. Eso debe primar en la llamada #ReformaConstitucional, la visión cualitativa de la nación inmersa en transformaciones profundas, paradigmáticas y únicas en el mundo, y no la cuantificación subjetiva de un objeto en análisis bajo el prisma militante.

Tengo la convicción que seremos lo suficientemente sabios para pensar como lo hubieran querido los grandes hombres y mujeres de la historia patria. Lo que se debate y está en juego no es la aprobación de un artículo, ni la definición solamente de una palabra, ni el posicionamiento de un sistema. Está emplazado mucho más. Quienes trazan la ley de leyes están obligados a dejar atrás todo posible acuse de mirada economicista u ortodoxa de una Carta que nunca en la historia de la República se había estudiado y conocido tan al detalle por sus habitantes. Están equivocados quienes piensan que en ello solo nos va la paz y seguridad con que vivimos gracias a la obra que nació con la Revolución, o que se puede perpetuar en sacra letra la jerarquía de un modo de ver el mundo.

Creo que en la Reforma de la Carta nos va mucho más.  Cuba vive días históricos, hagamos de ellos la simiente de un lugar mejor para vivir. La gente no cree en las cosas por que le escriban y le digan sobre ese u otro caso, la gente cree y crea para preñarse y parir sus sueños cuando estos, que son por los que lucharon nuestros padres y nuestros abuelos, se hacen realidad. Eso es lo que le debemos a Fidel, a su concepto magistral de Revolución y a las generaciones que asumirán la escritura del mañana que delineamos hoy en #HacemosCuba.