El primer clic (+audio)

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por Ileana León Jáuregui

La luz eléctrica es un privilegio que comúnmente disfruta la sociedad. Además, es una fuente de energía que facilita el trabajo de la industria, la educación, el transporte. En fin, que la luz eléctrica es una de las maravillas tecnológicas de la historia de la humanidad.

¿Ven?, así es hoy: la casa iluminada, los equipos funcionando. Pero, acaso, tiempo atrás la vida era tan cómoda, tan iluminada?

Verdaderamente, no era así, pues nuestros ancestros vivían con la luz del día y por las noches, una fogata era la lumbrera principal. Luego, nuestros abuelos evolucionaron al quinqué, la chismosa o las velas. Y por años fue así: amanecían con las primeras luces y se acostaban con las gallinas.
…Escuche la nuestra sección Reflejos, a cargo de la licenciada Ileana León Jáuregui.
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Margot

Margarita Cabrera en el cafetal. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

 

Margot sonríe apenas. Me ofrece el único aguacate no podrido de la arboleda, sopesa el paraje sin fronda y mueve inquieta el machete.
Margot posee 1.25 ha de café en usufructo. Foto: Oscar Alfonso Sosa
“Hay que seguir, qué vamos a hacer, uno no hace nada con desanimarse”.

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Remembranzas para otras mañanas con Café

Dayenis López Rodríguez

Aseveran los más longevos y también los especialistas, que no existe nada más rico y saludable que un buen café en las mañanas, Pero, ¿conoces la historia detrás del grano que tomas, detrás del tabaco que una vez fumaste o detrás de la fruta que hace algún tiempo ingeriste?

Tal vez fueron las manos de tus hijos o nietos quienes cosecharon ese café, o realizaron maniobras de cultivo en el tabaco y los frutales.

¿Dónde? Pues en la escuela al campo, una etapa de la adolescencia para la que no se está preparado, pero siempre es bien recibida. Leer más de esta entrada

Los días de más luces que de manchas

Muelle pesquero en Playa La Boca, Trinidad, Cuba

Todos estos tiempos poshucaranes me traen más luces que manchas, y claro, no sé cuántas noches de desvelo y lágrimas. En casa, Yenny vivió su “primer” ciclón con juegos y cuentos. Acogerla en mi hogar durante los días más aciagos de Irma en la isla me llevó a una certeza de mis memorias infantiles: la inocencia del niño que fuimos. Es la borrasca de una vida que algunos quieren desterrar y el contagio con un simulado modo de bromear hoy con el retorno de la electricidad al pueblo, cuando los linieros se despellejan pegados a los cables con la misma voluntad de rehacerse de una nación tras los daños del desastre.

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Rosas rojas para Alfonsito

Rosas rojas para Juan Alfonso Santos Gutiérrez, Alfonsito, el locutor y maestro de generaciones de aficionados a la cultura en Fomento. No pasaban de treinta personas en la marcha luctuosa desde la funeraria hasta la finca de María Guerra. Más familiares que trabajadores de la cultura. Hay obras de bien en el silencio que se queda y el amor que se esparce desde la cultura campesina entre multitudes de niños, esos que nunca dejaremos de ser.

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Homofobia en textos científicos cubanos o Tres ejemplos lamentables

Por PEDRO DE JESÚS López Acosta * / tomado del sitio Paquito el de Cuba

Conversaba con estudiantes de Medicina en el café de mi pueblo —Fomento, Sancti Spíritus—, y uno de los libros que traían llamó mi atención: Medicina legal. Según aclararon, constituía la bibliografía básica para la asignatura de igual nombre, que reciben en el segundo semestre del quinto año de la carrera.

Tras un rato hojeándolo descubrí que decía: «El estudio de la homosexualidad es tal vez el capítulo más sugestivo y trascendente de la ciencia sexual moderna, cuyos primeros pasos fueron iniciados precisamente en la investigación de esa anomalía, la más importante de todas, sin duda alguna». Leer más de esta entrada

El octogenario y la Viagra

por Dr. Islay Pairol Acosta.

El octogenario se levanta y se pone su abrigo.
Su mujer le pregunta:
-‘¿A dónde vas?’.
El contesta:

-‘Voy al médico’.

Y ella dice:

-¿Por qué , estás enfermo ??
-No, contesta él, ‘voy a que me recete una de esas nuevas pastillas de Viagra’.
La mujer se levanta de su mecedora y se pone también su abrigo.
El marido se extraña y le pregunta:

– ”¿Y tú, a dónde vas?’.
-‘También voy al médico’, contesta ella.
-‘¿Y por qué?’
– Si tú vas a empezar a usar esa vaina toda oxidada otra vez, voy a que me pongan una antitetánica.