¿Verracos o Berracos?

por Pedro de Jesús

La Real Academia Española contempla dentro de sus objetivos fundamentales orientar el uso de la ortografía. Cada día nos preguntamos ¿cómo se escribe tal palabra?; ¿dónde se le coloca acento ortográfico a equis palabra?; ¿qué se coloca por acá, coma o punto? y otras  tantas dudas o las llamadas vacilaciones ortográficas. Aquí les dejamos algunas acepciones aceptadas por la Academia.

verraco/berraco

jeba/jeva

volá/bolá; volaíta/bolaíta; volón/bolón

Guisaso/guizazo

Ciguaraya /siguaraya

Changó/Shangó

Ochún/Oshún

oricha/orisha

Obatalá/Obbatalá

Eleguá/Elegguá

Ogún/Oggún

Babalao/babalawo

Zocato/socato

looking/luquin

livin/living

rolin/rolling

cácher/cátcher

pícher/pítcher

inin/inning

jit/hit

fao/foul

estrái/strike

jon/home

nocao/knock-out, knockout

soque/ sócket

tique/ticket

chor/short

buldózer/buldócer

friqui/friki.

pizza/piza

dientuzo/dientuso

encueruzo/encueruso

piñacera/piñasera

fajacera/fajasera

bayuceo/bayuseo

bayusero/bayucero

 

 

 

El nombre de Sopimpa

por Pedro de Jesús

De acuerdo con la investigadora Zoila Lapique en su libro Cuba colonial. Música, compositores e intérpretes, 1570-1902 (Ediciones Boloña/Editorial Letras Cubanas, 2008), La sopimpa, junto con La francesita, La chupadera, El calabazón, etc. son títulos de contradanzas santiagueras muy populares en las décadas de los 50 y los 60 del siglo XIX.
Por otra parte, según los autores de Fomento en la mano. Diccionario geográfico (Ediciones Luminaria, Sancti Spíritus, 2015), el asentamiento fomentense llamado Sopimpa «se inició a principios del siglo XIX con la construcción del ingenio San José del Purial en la finca registrada en 1859 como San Marcos o Sopimpa». Curiosamente, en esa fecha la contradanza La sopimpa estaba en boga… Puede que entre ambos hechos haya una relación de causalidad. Pero es solo una especulación.
Por último, Walter Goodman, en su relato sobre la vida en Santiago de Cuba La Perla de las Antillas. Un artista en Cuba (Ed. Oriente, 2015), cuya primera edición, en inglés, es del año 1873, dice:
«La danza criolla es el baile preferido por todos […] El ritmo y el paso de la danza tienen cierto lejano parentesco con el vals lento, pero se distingue especialmente por un movimiento gracioso de las piernas, brazos y otras partes sobresalientes del tronco, al cual se le da el nombre de sopimpa o “sopeteo” del baile; y con ello se logra una excitación mucho mayor que la que es posible producir con los trois temps, o tres por cuatro del más animado compás que se haya obtenido.»
Así una canción de la época recogía el estribillo:
…¡Ay que gusto y que plasé!
¡Que cosa rica!
Ver bailar el cocoyé
Con la sopimpa….

Dejémosle ser maestros, teachers


por Dayenis López
El maestro deviene paradigma ético-moral y espejo en que se miran constantemente sus alumnos. Como bien sentenciara Luz y Caballero, “instruir puede cualquiera; educar solo quien sea un evangelio vivo”.
Por lo tanto, el educador debe ser ejemplo, desde todo punto de vista, mientras que su actuación, no solo en el aula, sino también fuera de ella, es un fiel reflejo de lo que explica en clase.
Hoy es el Día Mundial del Docente. La UNESCO dedica este día a promover la autonomía de los docentes, fortalecer y crear nuevos maestros de todas las enseñanzas. Pero, ¿qué tipo de maestros requieren nuestras aulas? ¿Cómo incentivar el amor por la docencia?
La docencia, como profesión y como pasión, es una disciplina a la que se la debe abordar con respeto y dedicación, demandando un gran compromiso por parte del maestro. Este compromiso será el contrato tácito establecido por el docente hacia su rol de comunicador, transmisor y precursor de la curiosidad del estudiante.
Desafortunadamente, esto que debería resultar como denominador común para todos aquellos que persiguen la vocación, parecería escasear en algunos, generándose como resultante personas que atentan contra la profesión. Mal llamados docentes, quienes extasiados por el aparente rol de autoridad que les confiere dicha relación de profesor – alumno, se empapan de esa jerarquización en lugar de involucrarse en el universo del estudiante y en la real dedicación que conlleva. Estos son casos que ya no se manifiestan de manera aislada, cada vez se presentan de forma más recurrente, y su evidencia radica en los mismos estudiantes y en su desarrollo de aprendizaje.
En contraposición a estos desalentadores de la profesión, aparecen aquellos a quienes sí les es legítima, y por sobre todo quienes desde sus nuevos aires renovadores hacen su aporte. Realmente hace que se transforme en una necesidad poder gestar a un nuevo grupo de docentes dentro de un circuito de profesionales ya instalados en la institución educativa. Generalmente se trata de personas de joven edad, con nuevas ideas, y entusiastas de aprender el ejercicio de la docencia.
Transitando el período de formación pedagógica, y culminando ya con la última instancia de éste, es claro notar cómo el número de estudiantes ansiosos por el ejercicio de la docencia ha disminuido. Cuba afronta un déficit creciente de profesionales del sector educacional entre otros motivos, por la falta de reconocimiento al maestro, las dificultades salariales y materiales y el despojo de su propia vocación por un cúmulo de reglas, normativas y burocracias que rigen hoy el trabajo del profesor.
Encontrar el goce en saberse como educador no sólo significa que un alumno termine con el curso de determinada materia, se trata de una dimensión aún mayor a esto, es lograr la autosuperación del sujeto, como estudiante, como individuo social, como agente de un grupo, y por sobre todo como sujeto curioso, con sed de aprendizaje, consiguiéndolo a partir de la superación de esas barreras individuales que lo limitan.

Pensando en mi gente a las seis de la mañana

Radio Rebelde reprodujo esta madrugada opiniones de los habaneros sobre el Proyecto de Constitución y alguien reafirmó: Que la gente diga lo que piensa. Y con la taza de café que despierta el día empecé a escribir otra opinión, la mía, que la palabra empeñada no quede en letra muerta. Que el tiempo finito se multiplique en obras infinitas y cambios en el horizonte. De lo contrario, pienso y tengo dudas que los guajiros de mi pueblo podamos creer que un municipio como Fomento sea un día un tín autónomo, mientras sigue perdiendo producciones y servicios mientras a otros en el país se les incrementan los panes y los peces, para no escribir otras sensibilidades locales que taladran a mis amigos y conocidos. Regreso a una idea de Martí que venero: hacer es la manera de decir.

No podemos interpretar las opiniones de los constituyentes como las miradas de los otros, sino ponernos en el rol de los otros, en su historia que no difiere tanto a la nuestra, para entender sus miradas. Eso debe primar en la llamada #ReformaConstitucional, la visión cualitativa de la nación inmersa en transformaciones profundas, paradigmáticas y únicas en el mundo, y no la cuantificación subjetiva de un objeto en análisis bajo el prisma militante.

Tengo la convicción que seremos lo suficientemente sabios para pensar como lo hubieran querido los grandes hombres y mujeres de la historia patria. Lo que se debate y está en juego no es la aprobación de un artículo, ni la definición solamente de una palabra, ni el posicionamiento de un sistema. Está emplazado mucho más. Quienes trazan la ley de leyes están obligados a dejar atrás todo posible acuse de mirada economicista u ortodoxa de una Carta que nunca en la historia de la República se había estudiado y conocido tan al detalle por sus habitantes. Están equivocados quienes piensan que en ello solo nos va la paz y seguridad con que vivimos gracias a la obra que nació con la Revolución, o que se puede perpetuar en sacra letra la jerarquía de un modo de ver el mundo.

Creo que en la Reforma de la Carta nos va mucho más.  Cuba vive días históricos, hagamos de ellos la simiente de un lugar mejor para vivir. La gente no cree en las cosas por que le escriban y le digan sobre ese u otro caso, la gente cree y crea para preñarse y parir sus sueños cuando estos, que son por los que lucharon nuestros padres y nuestros abuelos, se hacen realidad. Eso es lo que le debemos a Fidel, a su concepto magistral de Revolución y a las generaciones que asumirán la escritura del mañana que delineamos hoy en #HacemosCuba.

 

¿Y el embarazo andando?

-No camines apurada. Tengo mareos.
-Será un efecto del metronidazol. ¿No dices que le sobran bichos a tu barriguita?
-¿Barriguita? ¿Me ves más gorda?
-No, mija, te veo igual.
-Es que ahora me acuerdo que desde julio no tengo la regla.
-Bah, como si eso fuera extraño, doña Despiste… A ver, ¿te duelen los senos?
-Sí, me duelen… Pero son los quistes.
-¿Y si son los síntomas primeros de la menopausia? A unas mujeres la menstruación les dura hasta los cuarentitantos, y conozco otras que la tienen hasta los sesenta.
-¿Y en qué grupo me ves?
-En el de las bailaoras del majá, siempre rodeada de bichos.
-Hazme caso, chica. Esta semana, cuando fui a comprar las íntimas, la de la farmacia me echó en cara que llevaba dos meses sin cogerlas. Ahí caí en la cuenta de que no tenía marcadas las crucecitas en los meses de agosto y septiembre.
-¿Y desde cuándo tú tienes pareja? Que yo sepa tú estás enamorada de las plantas, los libros y los tejidos.
-¿Y si me embarazaron la savia entre el intertexto y el entresacabocao?
-¡Bah! Ese es el metronidazol, muchacha, no la revuelvas más.

Pedro de Jesús: Apostilla a uno de los redactores del Proyecto de Constitución

Foto: Kako Escalona / ShutterStock

Foto: Kako Escalona / ShutterStock

Tomado del Blog La Cosa

Por Pedro de Jesús

Comparto esta breve apostilla a la intervención que hiciera el miércoles 26 de septiembre el historiador Elier Ramírez —miembro de la comisión redactora del Proyecto de Constitución— en el programa televisivo Hacemos Cuba, retrasmitido el jueves 27 en el espacio Buenos Días.

Primero, transcribo algunos momentos del diálogo entre Elier Ramírez y su entrevistador.

 Elier Ramírez. […] No se debe confundir […] el funcionamiento del Partido con el funcionamiento del Estado […] El Partido —como está establecido, y como está escrito en la letra de la Constitución— organiza y orienta, es decir, moviliza […] conduce, controla, fiscaliza, es decir, establece las directrices, pero no puede suplantar el papel del Estado, del Gobierno, en sus funciones cotidianas, ejecutivas, administrativas. Es decir, es como está, incluso, escrito también, y aprobado en los Objetivos de la Conferencia del Partido […] El objetivo número 5 aprobado por esa Conferencia del Partido dice: «eliminar en los métodos y estilos de trabajo del Partido la interferencia y suplantación de funciones y decisiones que corresponden al Gobierno y a las instituciones administrativas. Para ello ejercerá su responsabilidad de dirección y control mediante la comprobación de la implementación adecuada y el cumplimiento de los acuerdos del Sexto Congreso y de los Organismos Superiores». Es decir, ahí está claro que ese es uno de los objetivos fundamentales de que, en los métodos, en los estilos, esto no suceda […]

Entrevistador. […] Alguna desviación puede estar más bien no en los reglamentos o en lo que se ha pensado, se ha establecido desde la Constitución vigente o desde el funcionamiento del Partido, sino más bien en un estilo de trabajo de suplantación por parte del Partido de una función estatal o de Gobierno, estilo que debe ser, de acuerdo a lo que me explicas, desterrado…

Elier Ramírez. Es como está establecido en los Objetivos de la Conferencia y, bueno, también es un tema que se ha discutido, que se ha planteado, que no es nuevo, ¿no?, es un tema que de años atrás se viene también discutiendo […]

El tema no es nuevo, como bien responde el historiador.

Pero se «viene discutiendo» no desde el VI Congreso (2011) o la I Conferencia Nacional del Partido (2012). Esos «años atrás» de que habla Elier Ramírez se remontan, por lo menos, a 1970, cuando hacía apenas un lustro que se había fundado el PCC. Ese año nací yo, ¡y ya cumplo 48 —casi medio siglo— el mes próximo! Así declaraba Fidel en el acto central por los festejos del 26 de Julio:

[…] en la fábrica nosotros no podemos hacer al secretario del Partido el administrador de la fábrica —hay algunas ideas en las que hay que estar muy claros—, ni podemos hacer al administrador secretario del Partido […] La materia prima del Partido es el trabajador, y la materia prima de la administración es la materia prima real: puede ser el hierro, puede ser cualquier materia prima.  […] No se pueden confundir esas tareas, ni se le puede dar a nivel de fábrica la responsabilidad al Partido. La responsabilidad del Partido no puede ser directa allí, sino indirecta. Es el Partido quien debe señalar inmediatamente al órgano administrativo superior, es quien debe señalar cualquier deficiencia, cualquier falla de tipo administrativo; pero no decirle a él, al administrador, lo que tiene que hacer. Hay que establecer bien claro las funciones del responsable del núcleo del Partido y las funciones del administrador o, mejor dicho, de la administración.

Pasados 16 años, el 2 de diciembre de 1986, en la clausura del Tercer Congreso del Partido, vuelve Fidel a referirse al tema:

Se ve claro […] que la solución de los problemas de la eficiencia, del desarrollo y de la construcción del socialismo, es cuestión del Partido, ¡está clarísimo! Y —como decía ayer— no administrando, no intentando administrar, sencillamente formando a los hombres, orientándolos, dirigiéndolos; saliéndoles al paso a todas las tendencias negativas, de cualquier tipo, a los errores; siendo ejemplo, ese fue un problema del que se habló bastante, de la ejemplaridad que debe tener el militante comunista.

Si en el VI Congreso y en la I Conferencia Nacional del Partido —ya en pleno siglo XXI— Raúl debe insistir en un problema tan inveterado en la organización que lidera, ¿qué garantías tenemos los cubanos de que ese método o estilo de trabajo —contrario a los principios de funcionamiento del Partido, según reza en sus documentos programáticos— será, algún día, «desterrado»?

En consecuencia, pienso igual que los internautas cuyos comentarios y preguntas fueron leídos: la Constitución debe explicitar cómo discurrirá la relación entre el Partido y los órganos del Estado y el Gobierno (facultades, atribuciones, deberes, derechos…). Justamente porque el Partido es «la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado», debe tener refrendado en el texto constitucional el alcance y forma en que ejercerá ese poder. De lo contrario, su estatus sería supraconstitucional, es decir, se colocaría por encima de la Ley de leyes. Ya sé que Elier Ramírez tampoco estará de acuerdo conmigo. Porque lo dijo:

Entrevistador. […] Propongo —dice Fernando— modificar el artículo 9, de manera que su redacción establezca que también el Partido está sujeto a las mismas obligaciones establecidas ahí, en el artículo 9, para los órganos del Estado con respecto al pueblo […]

 Elier Ramírez. Eh… bueno…, como planteábamos anteriormente, eh… eso está… eh… bien explícito, ¿no?, consideramos, en el artículo que habla de la supremacía de la Constitución [artículo 7], y de que todos deben…, eh…, es decir, están obligados, todos están obligados a cumplir la Constitución, la Constitución. Ya entrar a definir cuestiones internas del Partido [en el artículo 9] corresponde a los reglamentos, a los estatutos, a cuestiones que ya son propias, internas del Partido. Porque como decíamos, hay que diferenciar al Partido del Estado, y no se puede introducir principios de funcionamiento… eh… de… del Partido, es decir, no se pueden mezclar esos principios, ¿no?, tanto del Estado como del Partido, ¿no?

¡Habráse visto embrollo! Esto es lo que dice el artículo 7: «La Constitución es la norma suprema del Estado. Todos están obligados a cumplirla. Las disposiciones y actos de los órganos del Estado, sus directivos, funcionarios y empleados, se ajustan a lo que esta prescribe». Si no hace falta mencionar al Partido en la redacción de ese artículo, porque se sobrentiende incluido en la expresión «todos están obligados a cumplir la Constitución», ¿por qué entonces mencionar a los órganos del Estado? Si ese todos es tan «explícito» —como afirma el historiador— e inclusivo —infiero yo—, mejor sería eliminar la última parte del artículo: ni órganos del Estado ni Partido: simplemente todos, y sanseacabó.

Y en cuanto a que tampoco en el artículo 9 del Proyecto de Constitución se debe incluir al Partido, porque sería «entrar a definir cuestiones internas del Partido», y que eso «corresponde a los reglamentos, a los estatutos» de la organización, quedo de una pieza. ¿Le parece a Elier Ramírez que, si el Partido es «la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado», sus funciones, deberes, atribuciones para con el pueblo son una mera cuestión interna de la militancia partidista?  La vida interna de la organización no es lo que se está discutiendo; es el ejercicio del poder del Partido sobre la sociedad y el Estado. No creo que esa deba ser materia regulable por estatutos y reglamentos de la organización, sino, en última —y primera— instancia, por la Constitución. Sobre todo, porque el mencionado artículo 9 no solo se refiere a la obligación de los órganos estatales y sus directivos, funcionarios y empleados a «mantener estrechos vínculos» con el pueblo, sino también a la de «someterse a su control». Excluyendo al Partido de este artículo, se le exonera de tal obligación, carencia que no queda zanjada con que antes, en el artículo 5, se haya declarado su «carácter democrático» y su «permanente vinculación con el pueblo», porque tanto lo primero como lo segundo aparecen expresados allí en calidad de atributos o propiedades consustanciales del Partido, no como obligaciones. Es decir, se dan por seguros e incuestionables. Y no debería.

Tengo ante mí el libro Raúl Castro. Un hombre en revolución (Ed. Capitán San Luis, La Habana, 2015), donde Nikolai S. Leonov, su autor, reseñando las reuniones que sostuvo Raúl en 1994 con los cuadros partidistas y estatales de las principales regiones geográficas de Cuba, escribe:

[Raúl] Planteó con franqueza que en los comités provinciales del Partido no existía una democracia genuina, la opinión del primer secretario aplastaba la de los demás y estaban ausentes tanto la crítica como la autocrítica […] Raúl Castro exigió que los dirigentes, tanto del gobierno como del Partido, estrecharan sus vínculos con la población, y priorizaran la solución de las necesidades vitales de las personas humildes. Mencionó algunos casos que evidenciaban una insensibilidad indignante […] (: 258, 261)

Dieciocho años después, en la ya mencionada I Conferencia Nacional del Partido (2012) —y sigo citando a Leonov—:

[…] el primer secretario subrayó que […] corresponde ampliar la democracia en la sociedad y en el seno de la organización […] No faltaron las críticas a la actitud pasiva de militantes que se hacen de la vista gorda ante violaciones de la ley […] Se abordó las deficiencias en la política de cuadros, a resultas de las cuales se ha promovido a altos cargos a personas […] que no responden a las elevadas cualidades éticas que se requiere […] Se acordó […] acercar la labor del Partido a la gente, a sus problemas y preocupaciones […] (: 336, 338-339)

Que se haya acordado «acercar la labor del Partido a la gente, a sus problemas y preocupaciones» implica, lógicamente, que esta, en 2012, se hallaba lejos de la gente o, al menos, no todo lo cerca que debiera. ¿Se ha acercado desde esa fecha hasta hoy? ¿Cuánto? ¿Cómo el pueblo cubano puede tener seguridad de la futura distancia o cercanía que haya entre él y los dirigentes del Partido si el Proyecto de Constitución lo priva de la facultad de exigirla, medirla, corregirla…?

En fin, no digo más… O sí. Debo decir que, viendo «respuestas» como las de Elier Ramírez a las opiniones y propuestas de modificación, comienzo a dudar de que, al término de la consulta, el pueblo revolucionario cubano pueda, como dijera Fidel, «cambiar lo que debe ser cambiado» en el Proyecto de Constitución. Ojalá que esté yo equivocado.

(Nota del autor: Todo cuanto comento se basa en una transcripción fidedigna que hice de sus palabras y de la cual inserto en mi texto los fragmentos imprescindibles para la comprensión del lector.)

 

Pedro de Jesús López Acosta. Narrador, poeta y ensayista. Máster en Estudios Lingüísticos-Editoriales Hispánicos por la Universidad Central de Las Villas. Licenciado en Letras por la Universidad de La Habana. Miembro de la UNEAC y del Consejo Editorial de Ediciones Luminaria. Asesor literario de la Casa de Cultura «Olga Alonso» de Fomento. Entre sus premios y sus libros se encuentran: Premio Academia Cubana de la Lengua 2015, por la obra Imagen y libertad vigiladas. Ejercicios de retórica sobre Severo Sarduy, Premio Alejo Carpentier de Ensayo, 2014, Premio de cuento La Gaceta de Cuba, 2013, Primera mención en el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, 2012, Reconocimiento La Puerta de Papel a los mejores libros de Ediciones Territoriales, ICL, 2009, Premio Raúl Ferrer de poesía, 2008, Premio Alejo Carpentier de cuento, 2006.

La guerra más larga

por Yimel Díaz Malmierca
La mayor parte de los cubanos nacimos cuando el bloqueo comercial, económico y financiero de Estados Unidos ya estaba vigente. Los obstáculos se tornaron tan cotidianos que algunos lo han convertido en justificación predilecta para disimular incompetencias en el ejercicio de sus profesiones.
No obstante, es cierto que con el transcurso de los años, las leyes y regulaciones que codifican el bloqueo se han hecho más efectivas y perjudiciales. Tal como reconoce el informe que el 31 de octubre presentarán las autoridades cubanas ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el “bloqueo es el sistema de sanciones unilaterales más injusto, severo y prolongado que se ha aplicado contra país alguno”.
Luego del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre las dos naciones, en julio del 2015, y una etapa de tibios avances, el Gobierno de Donald Trump, quien asumió la presidencia de Estados Unidos en enero del 2017, impuso un serio retroceso en las relaciones bilaterales.
El 16 de junio, semanas después de su ascenso al poder, secundado por la mafia cubano americana radicada en Miami y un desafinado violinista, Trump firmó el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el Fortalecimiento de la Política de EE.UU. hacia Cuba, con el que cumplió la palabra empeñada durante la campaña electoral y decretó el endurecimiento de la guerra económica declarada cinco décadas antes.
En noviembre de ese mismo año los departamentos de Comercio, Tesoro y Estado emitieron nuevas regulaciones y disposiciones para ponerse a tono. Restringieron aún más el derecho de los estadounidenses a viajar e impusieron trabas adicionales a las ya limitadas oportunidades de su propio sector empresarial interesado en hacer negocios en la Mayor de las Antillas. Establecieron además una lista de 179 entidades cubanas vedadas para las personas naturales o jurídicas del imperio.
La guinda al pastel fueron los incidentes acústicos, o los “ataques que nadie oyó”, a partir de los que tejieron toda una historia de supuesto riesgo a la salud de sus diplomáticos, que sirvió de pretexto para retirar a la mayor parte del personal de su recién abierta embajada en La Habana y declarar una “alerta de viaje que recomienda a visitantes potenciales reconsiderar la intención” de llegar a Cuba.
El efecto de esa estrategia no se hizo esperar, pues además del aspaviento por un supuesto peligro, las agencias de seguros dispararon sus precios. Según el informe Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba, hasta el último trimestre del año 2017, había disminuido en un 52 % la cantidad de estadounidenses que vinieron, es decir, 65 mil 40 visitantes menos que en el año precedente.
En días recientes, el Ministerio de Turismo anunció que en el 2018 no se llegará a los 5 millones de turistas anunciados debido, entre otras razones, a las medidas coercitivas tomadas por la actual administración estadounidense.
Las consecuencias de tal situación se han hecho sentir en los emprendedores que tanto dicen apoyar algunos políticos yanquis, al punto de que algunas casas hostales, alrededor de las que se organizaban otras actividades del sector no estatal y que se habían convertido en los destinos preferidos por los visitantes estadounidenses, han tenido que cerrar sus puertas a la espera de tiempos mejores.
A pesar de la hostilidad demostrada por el Gobierno de Donald Trump, grupos organizados en Estados Unidos, como #EngageCuba y #CubaNow, han continuado desarrollando actividades encaminadas a fomentar las relaciones bilaterales y promover el levantamiento del bloqueo.
A ellos se suman otras acciones de políticos y actores diversos de la sociedad civil de esa nación, como el reclamo hecho el pasado primero de marzo por una coalición de 28 turoperadores y compañías especializadas en viajes educativos, la cual pidió, en un comunicado dirigido al presidente Donald #Trump, la reducción de las restricciones de viaje a Cuba.
A todas luces la guerra contra el bloqueo es quizás la más larga a la que se ha enfrentado la Revolución desde 1959, me precede a mí y a muchos de mis lectores, pero confío en que asistiremos a su sepelio.